MEDICOS ASINTOMÁTICOS DEL COVID 19 SERÁN IMPUTADOS POR CONTAGIAR.

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Hoy es un día triste para nuestro sistema sanitario. Mientras en el mundo se les aplaude, en nuestra Córdoba, el fiscal Andrés Godoy acusa al médico Lucas Figueroa “por propagación de enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas” en calidad de autor y al director médico Marcelo Lázaro por “propagación culposa de enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas”

El pasado 31 de diciembre, se daba a conocer la existencia, en una ciudad remota llamada Wuhan en la República Popular China que nadie podía localizar en el mapa, de una nueva enfermedad: un coronavirus, bautizado más tarde como SARS-CoV-2. El primer médico que habló en ese país fue encarcelado y más tarde murió. Su reconocimiento fue posterior, cuando la enfermedad había causado estragos no sólo en ese país, sino en el planeta entero. Hasta ese momento, todos nos considerábamos a salvo. China estaba muy lejos. Nadie, ni siquiera la propia OMS podía calcular la dimensión de lo que avecinaba.  Se esperaba que fuera similar a las anteriores epidemias,  las SARS y los MERS. Pero esto,  no fue así,  y tanto unos como otros, China (por omisión de datos) y la OMS (por burocracia) tardaron en informar al mundo de las consecuencias. No fue hasta el 11 de marzo cuando finalmente fue declarada como “pandemia mundial”.

En diciembre la enfermedad avanzaba de manera sigilosa en el mundo. No se sabía que este virus podía transmitirse entre humanos. La comunidad científica estaba y sigue  desorientada. Se les dijo que sus síntomas eran similares a los de la gripe. Y con estos datos,  miles de médicos de todo el mundo debieron enfrentarse a un enemigo que luego se demostró ser mortal, especialmente en aquellas personas de edad avanzada, con patologías previas o inmunodepresores. Ningún país supo reaccionar a tiempo y  no estaban preparados ni gobiernos ni  médicos, héroes anónimos que  se juegan día a día su vida y la su entorno. Están en riesgo constante de contagio y muerte y han debido enfrentarse  sin recursos médicos adecuados  a esta pandemia. En este contexto, la información fue sesgada, distorsionada y oculta generando caos y desinformación y polarización de la sociedad en búsqueda de un culpable. En este caso, los encontraron dos médicos. Uno de ellos asintomático.

Elmer Huerta, especialista internacional en salud pública,  ha manifestado que el 85% por ciento de los casos de Covid-19 son asintomáticos.  Por esta razón, nos preguntamos ¿se puede culpar a ambos médicos de haber propiciado una propagación culposa de la enfermedad? .  Los médicos  realizan un juramento hipocrático  que sostiene que  deben actuar siempre en favor de sus pacientes y en especial, “ por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción” Y,  siendo que Marcelo Lázaro desconocía su propia enfermedad, no pudo comunicar tampoco a Lucas Figueroa la situación. Ninguno ha faltado a su juramento. Dejemos ya de estigmatizar y culpabilizar. El único y último responsable es el COVID-19. No aquellos que luchan a diario para erradicarlo aún a costa de su vida, como ha sucedido en tantos países del mundo que hoy lloran por el deceso de tantos sanitarios.

Unamos nuestras fuerzas para ayudar a estos dos médicos que se enfrentan a tamaña injusticia.  Y si te sientes tan indignado o indignada como nosotros y nosotras firma esta petición para su total absolución y restablecer su honor.