Por el desastre del puente Chirajara exigimos la renuncia del ministro de transporte

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Como ciudadano de Villavicencio y usuario frecuente de la vía a Bogotá, quiero manifestar de manera abierta y expontánea, mi absoluta inconformidad con el trato que hemos tenido por parte del gobierno nacional los habitantes de esta media Colombia, otra tierra de libertadores y próceres.

La mal llamada y desafortunadamente célebre “Autopista al Llano”, es, para nosotros los Villavicenses, algo más que una ruta dominguera para pasear de manera esporádica desde la capital a tierra caliente; ¡Es nuestra conexión con el resto del mundo!

Por eso,  es necesaria una reflexión sobre lo acontecido en los últimos días y que finalmente desembocó, en un cierre definitivo de la vía, que nos devolvió décadas en el tiempo, con la indolencia, como siempre, de la administración central.

Viene a colación en mi mente, un párrafo del libro “COLOMBIA, UNA NACIÓN A PESAR DE SI MISMA” del célebre profesor e historiador norteamericano David Bushnell, acerca de nuestro territorio: “Aunque no constituían una región destacada sino en términos de extensión, los Llanos Orientales fueron más importantes en la Colonia que en otros periodos anteriores al siglo XX. Los llanos eran una región tropical de pastizales, inundados en épocas de lluvia, resecos en el verano y conectados con los centros urbanos andinos POR LAS MÁS RUDIMENTARIAS VÍAS DE COMUNICACIÓN. La región estaba habitada por una escasa población de indígenas semi-asentados y gran cantidad de rebaños salvajes, para no mencionar los mosquitos y otras plagas. Varias expediciones anduvieron en los Llanos durante la conquista, pero al no encontrar fuentes de riqueza en el territorio, los pobladores españoles de la Nueva Granada mostraron poco interés por la comarca.”

En resumidas cuentas, potreros, zancudos e indios pobres, obviamente, sin vías.

Cambiamos de dirigentes chapetones a dirigentes criollos, pero la visión de nosotros, desde “arriba” permanece impávida en el tiempo.

Nos hicimos visibles para nuestro gobierno nacional, al ganarnos la lotería maldita del petróleo, lotería que trajo consigo un sin numero de irresponsabilidades éticas, ambientales y sociales (que aún continúan) y que nos premió, con el oleoducto sobre ruedas mas largo del planeta: una fila de 96 kilometros de cientos de tractomulas y con una velocidad promedio de 15 km/h. Afortunadamente, a bien tuvieron que darle el raponazo a las regalías, por que desde Bogotá, si que saben administrar los dineros públicos, o véase Reficar, un monumento a la planeación de nuestros dirigentes de turno.

Pero como si fuera poco, también nos ganamos los premios secos de esta lotería, al anunciarnos con bombos y platillos, la construcción de una autopista de última generación, que como era de esperarse, seria pagada por nosotros mismos, con los peajes más costosos por kilometro lineal del país y unos de los más costosos de suramérica, además, de ñapa, una concesión por décadas, a las empresas de una de las personas más ricas e influyentes del país, un intocable, empleador de fiscales, rememorando las mejores épocas del arriero Pepe Sierra, quien a cambio de prestarle dinero al Estado, escogía a dedo los negocios más rentables que quería de este.

Ahora, nos encontramos con una vía que debería traer consigo desarrollo y progreso, aún cuando los héroes y hacedores de esta realidad, somos nosotros mismos, a quienes la concesionaria y el gobierno nos solidariza las pérdidas, pero nos privatiza las utilidades.

Y es que los Villavicenses hemos tenido que aguantar de muchas maneras hasta simpáticas las arbitrariedades cometidas en esta vía, o quien no ha tenido un domingo o un lunes festivo que esperar en Bogotá hasta después de la 11 de la noche algunas veces, los planes retornos de la Policía Nacional, que bajo el pretexto de aumentar el turismo al llano, sacrifica nuestras posibilidades de viajar y turistear en igualdad de condiciones que los queridos vecinos de los 2600 metros más cerca de las estrellas.

Recientemente, volvemos a ser noticia, esta vez, por la desafortunada y lamentable muerte de 8 trabajadores por, al parecer, un mal diseño de una concesión que es juez y parte, pues cobra, se paga, diseña y construye a su antojo, en donde todos los políticos del ámbito nacional y regional se han pavoneado alegando tener protagonismo en el desarrollo de esta obra, mismos que ahora, se lavan las manos de manera olímpica, bien define esta frase lo que los políticos piensan de nosotros; “A la gente hay que sacarle dos cosas, primero el voto y luego el culo”

Para terminar el ejercicio, concluimos con una vía cerrada por tiempo indefinido, con todas las consecuencias que esto trae consigo a todos los niveles y más aún, con el temor de que las demás obras corran con alguna suerte similar.

Solo resta pedirle al gobierno, en tono de súplica, pero no de doblegación, que no nos merecemos este trato que nos han dado por décadas a la población Villavicense y Llanera, pues recordar debemos con honor, los centauros indomables que lucharon para que el día de hoy, podamos tener territorio al que llamar patria, como lo describe nuestro poeta Eduardo Carranza en un aparte del poema Llano Llanero:

Aquí esta el llano, extendido hasta el cielo. El llano sin principio ni fin como mi alma. El llano que se prolonga de palmera en palmera como el mar de ola en ola. 

Aquí esta el llano empapado de sol como la mar de sal. 

Aquí está la llanura. Y en la palma de su mano está la línea de la suerte de mi patria. 



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