Victoria confirmada

Retire sus palabras y ofrezca una disculpa pública

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No, Ministro Franco.

 No, Señor Ministro José Fernando Franco González Salas, no. No se equivoque. No vulnere la igualdad de los mexicanos. No deshonre su historia. No escriba una página de vergüenza en su biografía. No construya un apartheid en México, al buscar segregar, aislar y separar a las personas con discapacidad.

 Aunque lo diga la “literatura” del Seguro Social, del ISSSTE, del DIF, los niños con necesidades especiales no deben tener una “ubicación separada”, ni en las guarderías, ni la escuela, ni en el trabajo, ni mucho menos en las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. No creemos Señor Ministro, nos cuesta trabajo creer que esa sea su intención.

 ¿En verdad está Usted en contra de “tener contacto” con niños con discapacidad?, ¿con qué fundamento científico afirma que a un niño “le puede afectar” tener ese “contacto” con “este tipo de menores” con discapacidad?, ¿los niños especiales son monstruos que “lógicamente nos presentan a todos un impacto muy fuerte, cuando los vemos y vemos sus condiciones”? (Esas afirmaciones entrecomilladas son de Usted Señor Ministro, y peor aún, todos los conceptos que entrañan, son suyos)

 Usted Señor Ministro, al buscar segregar a las personas, se refirió a la relación entre niños con discapacidad y niños sin discapacidad como una experiencia dañina. Dijo: “el contacto con ciertas escenas que son muy fuertes pueden perjudicarlos”. ¿Y en una familia, qué deben hacer los hermanos de esas personas con discapacidad?, ¿y qué les recomendaría a los niños con un papá que sufre estertores?, ¿y a los de una mamá que vomita? ¿alejarse de esa “escena fuerte”?.

 ¿Es formativo, en una educación integral, cerrar los ojos a esa realidad?, ¿imagina meter en un escondite al 6.6% de mexicanos especiales para evitar esas “escenas espeluznantes” en guarderías, escuelas, fábricas, hospitales, consultorios, iglesias?, ¿le parece pavorosa una escena en una Universidad, donde unos niños de paseo se crucen con el astrofísico Stephen Hawking en su silla de ruedas, con sus piernas muertas y su cuello incontrolado?

 Su intención, Señor Ministro, de separar a los niños con discapacidad para evitar ese “impacto” en los niños sin discapacidad, constituye una discriminación. Violenta la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y la Convención de ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Exhibe un desconocimiento de los estándares internacionales en la materia y parece hacer caso omiso a las recomendaciones emitidas por el Comité de Expertos de la propia Convención, dictadas apenas en octubre pasado, tras una evaluación de México ante dicho organismo.

 Y por si fuera poco, su intervención Señor Ministro, parece no escuchar el espíritu y la letra de nuestra Constitución que garantiza una igualdad plena y reconoce los derechos humanos de todos, al prohibir la discriminación motivada por discapacidad.

 Ese Tribunal Constitucional, del que Usted forma parte, Señor Ministro, ha honrado esa tradición igualitaria. El caso Ricardo Adair Coronel, (AR 159/2013) fue un caso emblemático para avanzar en ese sendero de inclusión y respeto a la dignidad humana. ¿Por qué no seguir ese camino?

 Señor Ministro, las historias cotidianas de las familias con personas con discapacidad, son historias de esfuerzo en medio de una “debilidad”. Señor Ministro, póngase del lado de esa debilidad, póngase de lado de la madre que abraza a ese hijo, de los niños que ayudan a su compañero a dibujar, de las enfermeras que limpian una boca y dan de comer, de los maestros que colocan unos lentes, de los doctores que diagnostican y tratan de luchar, de los arquitectos que realizan un ajuste razonable a su diseño, del ciego que imagina, del terapeuta que da esperanza, del niño con parálisis feliz porque está frente a la televisión en un partido de futbol. Señor Ministro, póngase del lado del brazo solidario. Póngase del lado de cuatro grandes valores del Derecho: igualdad, justicia, solidaridad y dignidad.

 Existe Señor Ministro, una potencia humana cierta en todas las personas. Esa potencia no es otra que la capacidad de las personas sin discapacidad de aceptar, comprender y caminar junto a las personas con discapacidad, y de éstas para buscar remontar su debilidad. Negar esa potencia equivale a negar nuestra fuerza civilizatoria, es decir, nuestra aptitud para caminar juntos todos los seres humanos, abrazando nuestras debilidades, para superarlas. ¿Qué otra cosa es la “civilización”?

 No Señor Ministro, no. No lo creemos capaz de no tender su mano…

 Atentamente,

 PHINE.

Padres de Hijos con Necesidades Especiales.

 

 



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