Por el restablecimiento del Centro Metropolitano de Diseño de Buenos Aires

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Alerta por la grave situación institucional y presupuestaria del Centro Metropolitano de Diseño

 

El Centro Metropolitano de Diseño del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue creado en 1999 para impulsar el desarrollo económico y cultural de la ciudad y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes a través de la promoción del diseño.

Tomó impulso con la inauguración del edificio “Pescadito” en Barracas en diciembre de 2001 (haciéndose acreedor del premio Bienal de Arquitectura en 2004). Las dramáticas circunstancias de aquella inauguración marcaron a fuego la vocación productiva, creativa y solidaria de una institución fuertemente imbricada y comprometida con el entramado local. El predio en su totalidad, de 14000 m2, fue inaugurado en 2010 por la gestión de Mauricio Macri.

En su momento de auge, alrededor del año 2005, funcionaron cinco áreas operativas: Moda, Diseño Industrial, Diseño Interactivo, Diseño de Juguetes y Diseño Estratégico. Además, en estrecha relación con estas áreas, funcionó el Instituto Metropolitano de Diseño e Innovación (cuya producción de investigación es una referencia importante en las formaciones de diseño), una incubadora de empresas (INCUBA) que albergó alrededor de 20 proyectos por año hasta 2016 y que brindó asistencia técnica, de producto, subsidios y créditos a tasa cero que permitieron el desarrollo de proyectos y productos altamente innovadores, un Observatorio de Industrias Creativas (pionero en medición de la cultura y cuya producción de investigación también es referencia), una revista de diseño (iF) de renombre internacional, entre otras políticas que constituyeron un verdadero ecosistema coherente de apoyo al desarrollo local y que se instituyó en referencia no sólo regional sino global.

También, desde 2003, anexó a sus funciones el Predio El Dorrego, donde se desarrolló un programa de ferias de diseño que fue semillero de gran cantidad de emprendimientos de diseño e industrias culturales que aún hoy funcionan, muchos de ellos exitosos. A la par de las ferias, el predio se alquilaba para diferentes eventos vinculados al diseño e industrias creativas organizados por instituciones públicas y privadas, entre ellos BAFIM, Puro Diseño, DIBA, Festival Internacional de Diseño 2006, Festival de Tango, Festival de Jazz, etc. Las ferias se realizaron hasta 2008, año en el cual la gestión Macri decidió dedicar el predio a un proyecto de Centro Metropolitano Audiovisual que finalmente no se concretó. El predio quedó en pobres condiciones estructurales, si bien se siguió utilizando para varias actividades, hasta su venta por remate en Julio de este año.

Los resultados no se hicieron esperar: ya en 2005 la UNESCO había distinguido a Buenos Aires como Primera Ciudad de Diseño de la Red de Ciudades Creativas. Más allá del brillo de este tipo de distinciones, definir por extensión las acciones de impacto concreto emprendidas desde el CMD excede por mucho a estas líneas, pero puede asegurarse que el CMD no sólo ha sido la política de diseño más prolongada y exitosa de nuestra historia (tal vez junto con el Centro Metropolitano de Diseño Industrial en 1962-1988, de cuyos aportes también se ha nutrido) sino que además fue la más influyente: en el marco del CMD se desarrollaron políticas que luego inspiraron profunda y directamente todas las que surgieron luego en la Nación, muchas provincias e incluso varios municipios.

En su libro La Economía Naranja, Una oportunidad infinita, editado por el Banco Interamericano de Desarrollo, sus autores, Iván Duque Márquez (actual presidente de Colombia) y Pedro Felipe Buitrago Restrepo, citan el éxito del proyecto : « …Casos emblemáticos de clusteres creativos modernos son Soho en Londres y el Centro Metropolitano de Diseño en Buenos Aires. » (op. cit, pág. 156)

El CMD, de un modo insólito para nuestro país, atravesó la gestión de cuatro jefes de gobierno de la Ciudad, de diferentes signos políticos, constituyéndose en una política de estado de apoyo al sector de las industrias creativas, que constituían en 2015 (lamentablemente el último dato disponible) nada menos que el 8,5% de la actividad económica de la Ciudad, superando, por ejemplo, las participaciones de la construcción y la actividad hotelera y gastronómica sumadas.

Durante la actual gestión de gobierno, el Programa fue desarticulándose, pasando a depender sucesivamente de diferentes Ministerios, a la vez que su edificio iba siendo ocupado por otras áreas de gobierno no específicas, sus espacios utilizados para eventos de toda clase, quedando en evidencia la desorientación de la actual administración en relación a los beneficios que los programas de aplicación del diseño y la innovación tienen respecto a la mejora de la competitividad de emprendimientos y pymes, quedando encerrados en una concepción del diseño que lo reduce en la práctica a una simple vidriera cool y modernizante que nada tiene que ver con sus profundas potencialidades transformadoras.

Pero en la actualidad ni como vidriera ha sobrevivido: ya no existe el Centro Metropolitano de Diseño como programa presupuestario, ni tampoco el diseño como contenido clave en las misiones y funciones de ningún área de gobierno, habiéndose producido un progresivo deterioro de sus programas y equipos.

Quienes abajo firmamos, hemos trabajado de manera directa o indirecta en el Centro Metropolitano de Diseño a lo largo de sus diferentes gestiones; somos profesionales del diseño y de las industrias culturales y creativas de la Ciudad de Buenos Aires y hemos sido beneficiarios de muchos de los programas impulsados por el Centro; pertenecemos a instituciones académicas y representativas de la actividad del diseño y participamos de foros y organizaciones internacionales en la temática.

Desde cada uno de nuestros lugares pedimos que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires vuelva a colocar al Centro Metropolitano de Diseño en el lugar del cual nunca debería haberse corrido: ser un promotor de la actividad del diseño y la innovación, para PyMEs y emprendedores de la Ciudad, fuertemente articulado con el resto de las políticas de apoyo a las industrias culturales y creativas, brindando servicios desde el edificio de Barracas (concebido y diseñado para tal fin) y otorgándole el presupuesto adecuado para su funcionamiento para que pueda continuar con su labor de contribuir a una ciudad más productiva, más creativa y más solidaria.