MALTRATAR ESTÁ PREMIADO EN ESTE SISTEMA JUDICIAL!!! YO NO VIVO EN UN ESTADO DE DERECHO!!

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PIDO AYUDA HUMANITARIA:

La verdadera cara del maltrato, que nadie ve, son las historias, las personas detrás de cada cifra de asesinatos, la exclusión social de cada madre o padre maltratado. 

La verdadera cara del maltrato, que nadie ve, es la parte humana, el desgarro que supone estar sometida o sometido ante la voluntad del maltratador, como consecuencia de la incomprensión por parte de un sistema judicial incompetente.

La verdadera cara del maltrato, que nadie ve, son las personas que están tras ella. 

Intentando, constantemente, como a otros muchos padres, arrebatarnos de nuestros brazos a nuestros hijos, tras ser diagnosticados por el falso SAP (Síndrome de Alineación Parental), QUE NO ES ACEPTADO POR LO OMS porque NINGÚN organismo de terapeutas punteros lo RECONOCE COMO TAL y se aplica en España, NO RESPETANDO a este organismo mundial. 

Con ese FALSO diagnóstico, un juzgado decide “que lo mejor para nuestros hijos es arrancarlos de nuestras vidas y alejarles lo más posible de sus madres o padres que les criamos y cuidamos dando hasta nuestra vida.”

Este es el modus operandi de un sistema judicial que oprime, coacciona y mata en vida al cónyuge que cargó con los menores protegiéndoles hasta dar su propia vida.

Esta es la vida, llena de dolor, que se les obliga a vivir a muchos padres. Vida que muchas veces, por ser obligados a ceder nuestros hijos al maltratador, no vale la pena vivir y, solo, sobrevivimos con nuestro sufrimiento. 

El sistema judicial hace oídos sordos entregando custodias a maltratadores y luego sorprendiéndose cuando, de pronto, estos nos arrebatan los vínculos materno o paterno filiares al ser excluidos por la sociedad debido a que desgastamos nuestra salud mental con un esfuerzo sobre humano centrado en proteger a los menores y darles una vida digna con unas presiones brutales ocasionadas por el sistema que maneja perfectamente el maltratador y su letrado. 

Padres y madres maltratados y coaccionados...desesperados porque no saben ni a dónde ni a quién acudir.

Padres y madres, como yo, que no ven la luz. Y mientras, el psicólogo/a, juez/a, perito o abogado/a de turno, dormirán esta noche, cenarán con su familia, relajados, sin ser conscientes (o siéndolo) del sufrimiento que el sistema judicial, dependiente de ellos, está provocando en nuestras vidas. 

Obligados a ir a terapia para recuperar un vínculo maternal o paternal que se ha roto y no es recuperable. 

Obligados a escuchar que todo era producto de nuestra imaginación y reconocen, sin ningún fundamento, que somos unos manipuladores por proteger a nuestros hijos dando hasta nuestra vida. 

Terapia tras terapia, no encuentran solución, porque el maltrato sigue vivo en nosotros. Nos vemos envueltos en un sistema judicial que no nos permite reanudar nuestras vidas y solo sobrevivimos.

Participan profesores y terapeutas que les dicen a nuestros hijos a quién deben querer, excluyéndonos de su vida y su educación cuando son entregados al maltratador que le vanaglorian por sus tejemanejes con muy malas artes. 

En mi caso, para proteger a mis hijos, gracias a Dios, invertí mucho dinero en terapeutas independientes que, aunque ayudaron y se posicionaron, se frustraron por la presión de miembros no neutrales de los SERVICIOS SOCIALES.

Vivimos en un país donde la justicia hace débil a la víctima y fortalece al culpable. 

Esta es la dinámica del sistema judicial español. Con una teoría legislativa que, aparentemente es la mejor, siendo solo humo publicitario. Y siendo en la vida real un exterminio de padres luchadores que excluyen y condenan a vivir una vida muertos. 

Así, son tratados los padres o madres en la falsa violencia de género en España. El maltrato no tiene género. Esta es su realidad y no la falsa publicidad y las cortinas de humo que el SISTEMA intenta vender.

Me llamo Eva María de Torres Trapero y tengo 51 años. Mi exmarido me maltrató, psicológicamente, desde que me eligió a los 12 años hasta que después de sobreponerme, muy sola, a un cáncer de pulmón, calificado por expertos como el más dañino (sin fumar), decidí divorciarme, tras ser abandonarnos, mis dos hijos y mi persona, en el proceso de recuperación.

En la actualidad, sigue el maltrato vivo,  utilizando a mis hijos en mi contra y todas las personas que me rodean. 

Durante muchos años he sufrido las consecuencias de un sistema judicial injusto e incompetente, del cual, el maltratador se sirve para seguir ejerciendo el daño a mi persona. Somos las víctimas, sí, de las que se habla que estamos protegidas, siendo una solemne mentira. 

Creo que las mejores medidas que puede tomar, la sociedad civil, es concienciar y empatizar con las víctimas del maltrato y no juzgarlas duramente para ser excluidas. Educar a nuestros hijos con valores para que sean ejemplo social de otros niños que no reciben esa educación por falta de herramientas en el seno familiar que, muchas veces, está totalmente desestructurado. 

Deberían formar a profesionales con una gran vocación para que puedan proteger nuestros DERECHOS FUNDAMENTALES que son promulgados por la OMS, y, siempre son pisoteados por el mal funcionamiento del SISTEMA. 

Que nos ayuden para evitar que seamos sometidos a una presión inhumana en nuestra soledad e incluso protegernos para que no nos internen en centros psiquiátricos por falsas denuncias y falsas pruebas que presenta concienzudamente el maltratador y su letrado. 

EL HECHO DE QUE NO VIVÁIS LA REALIDAD MARCADA POR EL SUFRIMIENTO, EL MIEDO Y LA ANGUSTIA QUE VIVIMOS, NO SIGNIFICA QUE NO EXISTA.

Casi a diario matan a mujeres aún habiendo hecho múltiples denuncias que se archivan y se hacen caso omiso. O destrozando sus vidas, tanto de hombres y mujeres, por medio de un sistema judicial corrupto e incompetente que solo valora el estatus social del maltratador que es intachable porque no sienten y son personas muy frías a la hora de actuar. 

Detrás de cada hombre o mujer como yo, hay una vida muy dura que es imposible de levantar sin ayuda de terapias constructivas y políticas sociales, reales, para poder superar el sufrimiento que llevamos cargando durante muchos años. 

El 25 de Abril de 2017 recibo un escrito del juzgado donde se pone de manifiesto mi mala actuación como madre.

Dejo de asistir al control de la educadora social en Octubre de 2016 porque después de dos años, no emiten informe alguno, cuando el juzgado se lo exigía trimestralmente. Se olvidan de nosotros y nos hacen vivir un trato vejatorio.

Sorprendentemente, realizan dicho informe en Marzo de 2017 después de la visita del maltratador en Febrero del mismo año. Llevaba falsas denuncias y falsas pruebas que no comprueban y actúan de inmediato sin proteger la integridad del que ha cargado con todo. 

Sin contar conmigo, hacen un informe negativo para lavarse las manos y librarse de mí y mis problemas que son innumerables.

En su seguimiento, que es un acoso brutal, me hacen sentir como en una cárcel, y después de casi medio año sin saber de mi y ni conocer a mis hijos, emiten un informe totalmente sesgado al ser contrario a la psiquiatra infantil que hacía un perfecto seguimiento a la unidad familiar costeado por mi persona. 

Sin valorar, al maltratador, al igual que a mi, durante casi dos años, afirman que es muy apto para ejercer como padre cuando en 17 años no hubo contacto de mis hijos y este señor sin un vínculo paterno filial.

Solo era exigencias y contradicciones que generaba mucho miedo e inseguridad en los menores. Secuelas del maltrato que yo debía de solucionar, siendo una trampa sin salida. 

Crio a mis dos hijos con un sacrificio enorme, yo sola. Renuncio a mi profesión (licenciada en Químicas y con CAP) y no recibo ayuda alguna para empezar una nueva vida porque es muy difícil conseguir superar las secuelas de un maltrato que se hace presente al no pone límites el mismo sistema y participar en ello. 

Me dicen que no tengo trabajo para mantenerlos y que soy una mujer mantenida. No había tiempo, hacía de padre y madre porque este señor se desentendió de su crianza. Y me adjudican unas pensiones que son insuficientes para mantener el estatus social de los menores para evitar que no sufran las consecuencias de un brutal divorcio que no tienen culpa alguna. 

Cargo con todo, para que mis hijos menores sufran lo menos posible y se permiten el lujo de criticarme como madre por el absentismo de mi hijo pequeño generado por el trauma y miedo que tenía siendo certificado por su psiquiatra infantil. 

Los servicios sociales machacan mi autoestima y dicen que me ofrecen un espacio para mejorar como madre, sacando una lista innumerable de objetivos que sobrepasan a mi estrés y depresión. Y no haciendo partícipe al maltratador que nunca se sintió culpable de nada porque nadie le señaló.

No soy ni drogadicta, ni salgo de fiesta y me dedicaba, en exclusividad,  a mis hijos y a mi casa que eran unas cargas enormes para una mujer con una soledad extrema. 

Terminaron conmigo, echándome en cara, después de dejarme mi salud, que el maltratador me mantenía con un patrimonio que hizo a mi costa porque se dedicaba, en exclusividad, a su trabajo y a llevar vidas paralelas, sin atender las necesidades fundamentales de la que fue su familia. Para el maltratador no había tiempo para sus  hijos.

Pero me cargan con todo y me señalan como la culpable de todo. Solo me ha quedado, a mis 51 años, un CV obsoleto en un país de tres millones de parados. La presión a la que he sido sometida no lo soportaría nadie, estoy segura. 

Ahora, mis hijos con 15 y 21 años, respectivamente, han aceptado el SISTEMA DE EDUCACIÓN A BASE DE AMENAZAS PORQUE EL MALTRATADOR CONSIGUE TODO LO QUE SE PROPONE.

Mis hijos son parte del maltrato que hace que no me tengan respeto y mi autoridad ya está extinguida.

El SISTEMA JUDICIAL INCOMPETENTE ha conseguido romper mi vínculo materno filial generando un conflicto de lealtades, en ellos, que han sentenciado a favor del maltratador para evitar complicaciones y tener una vida de confort al ser sumisos ante este señor. Aceptan todo lo que el maltratador se le antoja, sin cumplir sentencias. 

Me han arrinconado y excluido, cuando este señor no cumple sus deberes sobre el régimen de visitas, y me han destrozada como madre y mujer. 

Ya no espero nada del SISTEMA y lo único que deseo es sanarme ante el impedimento de no ser nada y nadie para esta cruel SOCIEDAD. No me importa!! 

Han acabado con mi autoestima como madre y lo que es peor, mis hijos serán futuros MALTRATADORES como lo han demostrado con mi persona, excluyéndome y tratándome vejatoriamente, para conseguir un confort social. 

El mismo SISTEMA genera los maltratadores porque les hacen ser un ejemplo a seguir. 

Y este señor como sus aliados que son muchos, disfrutan con el sufrimiento y con acabar con la vida de una mujer que dio todo lo que tenía por formar una familia y cuidar a sus hijos. Un duro trabajo que nada y nadie valora...pero es el único para que exista una SOCIEDAD JUSTA. 

Ya no espero nada de nadie...solo quiero mi paz y salirme de este horrible SISTEMA que destroza familias para generar más maltratadores. 

Les agradezco su confianza y su fidelidad. Un saludo, 

Eva María de Torres Trapero