CARTA DE EDUCADORES A GUSTAVO PETRO

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Doctor
Gustavo Petro Urrego
Candidato Presidencial Progresista por una
Colombia Decente y Humana

Atento saludo.

Saludamos que desde su aspiración presidencial se tenga claro, por primera vez en la historia reciente del país, que la educación es un derecho fundamental y un sector estratégico para la superación de las grandes desigualdades y para la construcción y conquista de una nación incluyente y del tamaño de los sueños, las aspiraciones y las expectativas de las mayorías históricamente olvidadas y desatendidas por el país político.

Presupuestalmente, la educación en Colombia siempre ha sido una especie de cenicienta y el Ministerio del ramo una suerte de premio de consolación concebido como una tajada del botín burocrático que se cede o concede a grupos o sectores políticos en contraprestación o pago de favores electorales.

Más grave aún, la designación de Ministro de Educación, casi siempre recae en personas sin la formación académica y profesional necesarias para el direccionamiento del sector con verdaderos criterios de excelencia y autoridad académica y pedagógica.

En relación con la educación superior, hemos tenido la oportunidad de conocer sus propuestas públicas, las cuales sin equívocos seducen y brindan esperanzas. No obstante, la base fundamental para una educación universitaria de calidad parte de la educación primaria, secundaria y media, donde años de desaciertos, improvisaciones e imposiciones en materia de políticas públicas han dado al traste con el objetivo de alcanzar una educación humanista, que se proponga la formación de mejores ciudadanos y ciudadanas y que supere la concepción limitada y utilitarista que percibe a nuestros estudiantes simplemente como potencial mano de obra calificada y futuros creadores de riquezas ajenas.

Hay importantes tareas pendientes y deudas por saldar con la educación pública, que solo un educador y pedagogo (y no un burócrata como los que hasta ahora han regentado la educación) podría entender y afrontar:

La reversión de los actos legislativos 01 de 2001 y 03 de 2007, en términos de restituir los recursos sustraídos a la educación y que lesionan y violentan gravemente el marco del estado social de derecho consagrado por el Constituyente de 1991 es una de ellas.

Otras no menos importantes y derivadas de la anterior, son la universalización de la educación desde los tres grados obligatorios del preescolar y el establecimiento en el país de un modelo de educación pertinente que respete las diferencias regionales pero que apunte a que el sector público iguale y supere al sector privado en términos de oferta y calidad, brindando a nuestros niños, niñas y jóvenes una educación significativa que no se reduzca estrictamente a lo cognitivo sino que involucre otros aspectos no menos importantes para la formación integral de mejores seres humanos que sepan convivir, amar y disfrutar del arte, la cultura, la recreación y el deporte como elementos claves para una paz que trascienda el silenciamiento de los fusiles.

Todo ello, sin embargo, debe a su vez partir de la reunificación de los docentes en un estatuto único garantista de los derechos de los educadores; de la supresión de evaluaciones con criterios estrictamente fiscalistas como las que hoy limitan la movilidad y mejoramiento profesional (ECDF), de la resolución de la situación de interinidad de los docentes provisionales y de la dignificación de la profesión docente en términos del otorgamiento de condiciones para la continua formación profesional, para la atención con calidad de la salud de los núcleos familiares de los educadores y para el reconocimiento de un salario auténticamente profesional.

Frente a semejantes retos pensamos, que se enviaría un gran y alentador mensaje a los maestros, a sus familias, a padres de familia, estudiantes y a la sociedad en general, si por primera vez se anunciara, y Ud. lo hiciera, que el segundo cargo más importante del país (vicepresidente) va a ser ocupado por una persona no del mundo de la política pero si de reconocidas calidades académicas, con una trayectoria personal y pública intachables y con la formación y experiencia pedagógicas necesarias para infundir esperanza en que en el país puede accederse a cargos públicos de importancia y relevancia sobre la base del mérito.

Sugerimos además, que la persona a quien Ud. ofrezca dicho cargo, en una clara muestra de austeridad fiscal y compromiso, asuma funciones como Ministro de Educación Nacional bajo el compromiso de diseñar e implementar políticas públicas de corto, mediano y largo plazo que representen un viraje hacia el auténtico deber ser de la educación.

Sin que exista ningún tipo de relación de amistad o de otra índole, o intereses distintos a los en este escrito expresados, con todo respeto nos permitimos sugerir, para darle cuerpo a lo esbozado en este escrito, tomar en consideración nombres de personas de las condiciones intelectuales de Julián de Zubiría, Vladimir Zabala, o de cualquier otra persona, de su confianza o no, que reúna los requisitos de probidad y conocimiento de la educación que el cargo demanda.

Como simples docentes de base aspiramos a que por lo menos de manera epistolar y pública Ud. nos conceda conocer sus apreciaciones en torno a lo manifestado en este documento.


Atentamente,



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