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Las corridas de toros son un espectáculo cruel en tres actos, de unos veinte minutos de duración, que escenifica la falsa superioridad y la fascinación enfermiza con la sangre y la carne de la que se alimentan, contra toda lógica ética y dietética, quienes creen tener un derecho divino a disponer a su antojo de la vida de otros seres sensibles, llegando incluso a justificar y trivializar la muerte del toro como arte y diversión; un comportamiento patológico que nace de una incapacidad para afrontar el dolor de las víctimas y una morbosidad irrefrenable ante la posibilidad de ser testigo directo de alguna cornada, o de la muerte del matador; un riesgo fortuito, infrecuente (un torero por cada 40.000 toros sacrificados), y sobre todo evitable que, sin embargo, incrementa el carácter macabro de la corrida.

La Xiqueñada consiste en soltar a 18 toros asustados para que los toreen y se burlen de ellos en las calles de Xico, Veracruz.

El embalse de toros consiste en cruzar el caudaloso rí­o Papaloapan a seis toros de raza cebú, los cuales son amarrados a un lado de una piragua (lancha pequeña) dentro del agua, únicamente con la cabeza de fuera. Previamente cada toro en la otra orilla del rí­o, ha sido alcoholizado, pues le han metido al hocico el contenido de una botella de aguardiente (licor puro de caña).

Letter to
Gobierno del Estado de Veracruz
Prohibición de festejos taurinos.