Legalización de la marihuana

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1) Arbitrariedad en las sustancias legales y no
El uso de sustancias siempre es un tema delicado y normalmente es un tema también bastante hipócrita. Consumidores habituales de alcohol se escandalizan ante la posibilidad de legalizar el cannabis, cuando la adicción a las bebidas alcohólicas es uno de los problemas sociales de primer orden en muchos países. España, por ejemplo. Que se pueda consumir alcohol o tabaco, y no marihuana, no responde necesariamente a un razonamiento de salud pública, sino que se sujeta más a una cuestión cultural. Existe una clara arbitrariedad a la hora marcar qué sustancias tienen un consumo lícito y cuáles no. La respuesta la tenemos en la historia reciente. Hoy se da por hecho el consumo de alcohol como algo legal y socialmente aceptado, sin embargo, en el XX movimientos de Ley Seca fueron muy fuertes.

2) Reducción de la delincuencia
El punto más importante para el estado a la hora de legalizar el cannabis siempre es el mismo: los impuestos. Las sustancias recreativas se cargan en todos los países con tasas especiales, que permiten un chorro de dinero directo a los fondos estatales. Sin embargo, a nivel social la legalización de sustancias es un factor de primer orden para atajar la delincuencia. En países latinoamericanos hay un movimiento muy fuerte en favor de la legalización del tráfico de sustancias, que responde a la problemática recurrente con los el poder de los narcos. El peso de los grandes narcotraficantes en la demografía latinoamericana llega a extender sus tentáculos a las más altas instituciones de los gobiernos, y fruto de las rencillas del negocio del narcotráfico se sitúan las principales causas de muerte entre los estratos más jóvenes de ciertas ciudades.

3) Prevención ante el racismo
Relacionado con la delincuencia, el negocio de la droga está vinculado a los barrios y zonas más proclives a la exclusión social, y en USA, tradicionalmente a los barrios afroamericanos o latinos. Este círculo vicioso que vincula marihuana, delincuencia, con latinos y afroamericanos, es un caldo de cultivo muy arraigado para fomentar el racismo en Estados Unidos, y fuera de él. Fuera de él porque series de televisión y películas ponen el ojo de la cámara en estos barrios conflictivos, convertidas así en exportadores de racismo a través del celuloide.

4) Recaudación de impuestos
Sin embargo la realidad es mucho más frívola, ya que los impuestos son la razón principal por la que los políticos de corbata dan cancha a un referéndum sobre el consumo de marihuana en un estado o un país. En Colorado el estado recaudó casi 24 millones de dólares en impuestos procedentes de la marihuana recreativa... en sólo cinco meses.

Por otro lado, la reducción de la delincuencia relacionada con el consumo también supone un ahorro al estado. Todo son ganancias para las cuentas públicas, a fin de cuentas.

5) Empuje del turismo
Los empresarios californianos se mostraron desde el primer momento como claros impulsores del sí a la propuesta, ya que además del lucrativo negocio de la venta a consumidores habituales, la legalización del uso recreativo se transforma en un atractivo turístico. El ejemplo cercano lo tenemos en los coffeeshops holandeses, convertidos en uno de los destinos turísticos prioritarios para todo un imperio generado alrededor del turismo del cannabis. Si en algún momentos Estados Unidos generalizarse el consumo de marihuana este factor turístico se haría difuso; mientras que sean estados diseminados a lo largo del territorio estadounidense, se convertirán en focos de rumbo vacacional para consumidores de todo el planeta.

6) No implicaría necesariamente un incremento del uso
La experiencia de la legalización de la marihuana en Colorado sirve para comprobar cómo evolucionó el consumo en la zona. Según los datos mostrados, el uso no creció sustancialmente tras la regulación, ya que el precio de la sustancia sigue siendo elevado. De esta forma, la legalización sirvió para apartar el tráfico de las calles, pero no disparó el índice de fumadores. Los datos de Colorado exponen que hay un núcleo de consumidores habituales, que son los que adquieren el 90% de la marihuana vendida, y representan sólo un 30% del total de fumadores de la zona. Esto implica que la mayoría de consumidores recreativos de la sustancia fuman poco y en poca cantidad.Por otro lado, el hecho de que no sea una sustancia prohibida tampoco repercute necesariamente su índice uso. En España todo tipo de drogas son ilegales, excepto el alcohol y el tabaco, y los datos muestran que los españoles gastamos más dinero en drogas ilegales que en alcohol.

7) Control sanitario de la marihuana a la venta
La regulación de la marihuana, en último término, también ofrece garantías a los compradores. Regularizar el negocio de la marihuana permite que a las examinen e intervengan en todas las fases de producción, por lo que se garantiza un uso seguro. Problemas asociados al comercio ilegal que podrían ser atajados: uso de pesticidas nocivos, agua contaminada para el regadío, dosis adulteradas... sólo algunos ejemplos que con la regulación del comercio deberían atajarse.

     

 



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