Petición cerrada

Recuperar la pesca de la trucha en Navarra

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Recuperación de la pesca extractiva de la trucha en Navarra, para consolidar el turismo rural y potenciar los recursos de los valles pirenaicos en Navarra.

Las poblaciones de trucha común salvajes de los ríos navarros realmente están controladas por factores que nada tienen que ver con la pesca deportiva ejercida por el hombre. Aproximadamente de cada 100.000 huevos que son depositados de media por cada hectárea fluvial en la región salmonícola superior en invierno, sólo 1645 alevines (dato de supervivencia de 2016) sobreviven en verano-otoño. ¿Dónde han ido a parar el resto? Evidentemente los pescadores deportivos no los han matado. Aparte de aspectos físicos del medio fluvial como pueden ser las grandes riadas que arrastran puestas de trucha, etc. Si consideramos que hay agentes patógenos que atacan al huevo en sus primeros estadíos (bacterias, hongos...), y que hay otros agentes naturales que predan sistemáticaamente o de forma oportunista sobre alevines vesiculados o jaramugos ya desarrollados (por ejemplo las propias truchas, los martines pescadores, mirlos de agua, musgaños, desmanes, insectos acuáticos...). Se llega a la clara conclusión de que para que las poblaciones de trucha tengan mejor reclutamiento o cría anual habría que actuar intensamente en reducir estos factores reguladores de su primer estadío biológico. Si mediante eliminación de obstáculos artificiales en los cauces, o mediante una mejor regulación de los manejos artificiales de caudales (presas y canales de riego o de centrales hidroeléctricas) podemos mejorar el hábitat en el período reproductivo (invierno y primavera), habremos dado un paso de gigante para mejorar las tasas de superviviencia de alevines y conseguir que en vez de 1645 alevines tengamos en otoño por ejemplo 3000 alevines que han sobrevivido y que podrán incorporarse con éxito al resto de la población truchera.

Luego está el siguiente estadío en la biología de la trucha, cuando los individuos crecen y alcanzan edades de más de uno o dos años con tallas de 10 a 20 cm por ejemplo (no extraibles legalmente por pesca deportiva). Estos ejemplares son ya menos atacados por enfermedades infecciosas al ser menos estáticos y desplazarse mejor por el medio líquido, pero son devorados por animales como culebras de agua, visones, garzas, cormoranes, las propias truchas, nutrias, etc. Con lo que se comprende por qué en los muestreos sobreviven tan pocas truchas de uno o dos años.

Finalmente las truchas de edades superiores, de 3 o más años y tallas  que superan los 20 ó 30 cm, son devoradas sistemáticamente por animales ictiófagos más o menos especialistas, fundamentalmente nutrias, garzas y cormoranes, y también culebras de agua (de collar y viperina). Estos animales cada día se juegan la vida y cuando salen a comer es raro que fallen y se vuelvan a sus lugares de descanso con el estómago vacío. Lo que quero decir es que para cuando un pescador extrae una trucha del río cientos de ellas son procesadas por todas estas especies que utilizan a la trucha común como un eslabón indispensable en la cadena trófica. Raro sería que una garza arponee una trucha y la devuelva al río porque supera los 35 cm (talla máxima legal). Así como es raro que una nutria salga a campear por su tramo fluvial y se vuelva con el estómago vacío porque hay luna llena o porque el río baja crecido.

En resumen. tras más de 25 años de severas y crecientes restricciones para la pesca deportiva extractiva, observamos que los resultados obtenidos son nefastos y que las poblaciones de trucha común se han precipitado a niveles inadmisibles para una buena gestión. Es evidente que eliminando la pesca extractiva de los ríos no se ha conseguido nada ya que ÉSTA NO AFECTA EN ABSOLUTO A LA EVOLUCIÓN DE LAS POBLACIONES DE TRUCHA COMÚN. Mientras no consigamos controlar todos esos factores que influyen en que de cada 100.000 huevos puestos cada año sólo 150 ó 200 lleguen a ser truchas adultas no vamos a conseguir nada.

Según un importante estudio sobre las poblaciones de trucha que hizo Lobón-Cervia (prestigioso ictiólogo), en los ríos cantábricos durante recogida de datos de mas de 20 años, al que desde el Gobierno de Navarra no se ha hecho ni caso, las poblaciones de trucha evolucionan y dependen de los caudales circulantes en primavera en los ríos, no influyendo de manera determinante que se hayan sido pescado o no esos ríos por el hombre anteriormente.

Otro estudio reciente del Gobierno de Navarra en colaboración con la Universidad de Navarra concluye que la supervivencia de las truchas en un tramo de pesca sin muerte no difiere de un tramo de pesca extractiva. Entonces, aunque esto ya se sabía de antemano, ¿A qué estamos jugando?

Luego está el importante aspecto económico de la actividad de pesca deportiva. Recientes estudios han determinado que cada trucha extraída de forma deportiva del río supone un importante desembolso económico por parte del pescador cercano a los 100 euros por cada trucha que se lleva a casa. Esto significa que la pesca deportiva extractiva en Navarra popdría mover dinero y generar recurso turísticos, de empleo, de revitalización de los valles pirenaicos del orden de 10 millones de euros al año de forma sostenible totalmente garantizada. Pero para esto hay que estar interesado en potenciar la pesca y los recursos pesqueros (competencias que son inherentes y obligación de la sección de pesca del Gobierno de Navarra).

En fin. Hay mucho que decir al respecto, pero si estás de acuerdo a mi exposición, colabora y suscribe esto.



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