Fue un genio. ¡Una estatua para el Doctor Tangalanga!

0 persona firmaron. ¡Ayudá a conseguir 1,000!


Tangalanga fue el cómico más original que ha dado la Argentina. Entre otras cosas porque fue el primero en el mundo en hacer cargadas telefónicas (empezó en el año 1959) grabarlas y hacerlas circular de manera clandestina, convirtiéndose en el primer fenómeno viral antes de que existiera la viralización.

Algunos lo reducen a un puteador pero lamento desilusionarlos. El Doctor es mucho más que una puteada. Es un fenómeno cultural y social.

No titubeo cuando afirmo que Tangalanga está al nivel de Borges y Piazzola, en el sentido más trascendente de la aserción: Creó un lenguaje absolutamente personal. Una forma de expresión donde la mala palabra dejó de ser mala para volverse una palabra más. Despojó a la grosería del prejuicio que la condena al conjunto de las malas palabras. No subrayó la puteada ya sea con una cara, una sonrisa y un tono de voz distinto, como suelen hacer cómicos berretas de varieté encontrando ahí una “transgresión” para hacer reír al público. No, el Doctor fue más allá. La rescató, la elevó y le dio una legitimidad que otrora no tenía. Tangalanga, y en esto sigue siendo único, fue el primero en mezclar con naturalidad el lenguaje civilizado con la expresión bárbara para crear un idioma que solamente él pudo hablar con maestría. Fue un genio que generó un punto de encuentro entre la civilización y la barbarie. Por eso tiene fanáticos en todas las clases sociales. En la baja, tan proclive a la grosería; en la alta, tan propensa a la elegancia; y en la media, que suele reclamar nuevas formas expresivas.

A veces, cuando se me da por hacer comparaciones ociosas, creo que esas cintas que escuchábamos una y otra vez, fue en un punto similar a lo que ocurrió con los casetes clandestinos del General Perón que circularon allá por los años setenta. Por eso, y por otras razones que me exceden, ambas generaciones somos tan distintas. Porque la juventud del setenta creció escuchando los casetes clandestinos de Perón. Y en cambio, los jóvenes del ochenta, crecimos escuchando los casetes clandestinos de Tangalanga. Una generación se tomó en serio el llamado de la historia. Nosotros nos reímos del llamado y de la historia.

Esos casetes, nos lo hemos aprendido de memoria como si fueran canciones. Mejor dicho, como si fueran himnos. Himnos a la alegría. Alemania tuvo a Beethoven. Nosotros, tuvimos más suerte: a Tangalanga. Un tipo que nos legó una forma de ver la vida y fue mucho más lejos que cualquier líder político: nos prometió felicidad y nos la dio sin defraudarnos. Porque nos enseñó, quizás accidentalmente, que nadie merece el castigo de ser tomado en serio.

 



Hoy: Amigos del Doctor cuenta con tu ayuda

Amigos del Doctor necesita tu ayuda con esta petición «Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.: Fue un genio. ¡Una estatua para el Doctor Tangalanga!». Unite a Amigos del Doctor y 992 personas que firmaron hoy.