Petición cerrada

23 de abril: Día Internacional del Amor por el Libro y las Personas Lectoras

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Todos los 14 de febrero y los días que lo anteceden, las redes se colman de artículos con consejos sobre regalos, sobre lo bonito que es el amor y que hay que demostrarlo cada día y no solo un día marcado por la industria del comercio para que nos gastemos el dinero en chorradas tales como peluches, bombones y cartitas de amor que quedarán relegadas al olvido (o a la basura) después del postureo oportuno en nuestras cuentas personales. Todo un festín para las tiendas deseosas de cazar al comprador de sueños y de amor.

Pero el amor no se compra, señores. El amor se vive, se siente y se demuestra, y sí, todos los días del año. Y resulta que hay maneras mucho más increíbles de demostrarlo y hacérselo sentir a la persona que tanto apreciamos. ¿Os preguntáis como? 
Regálame un libro. No me regales una rosa que tendré que intentar mantener viva encima de cualquier sitio (porque aún no sé dónde ponerla y dejarla ahí eternamente) y cuando vaya viendo su desastroso devenir, me supondrá la ardua decisión de tirarla por fin o aguantarla a base de laca o papel de periódico. Un amor demasiado fugaz para mí. No.

Regálame amor. Regálame palabras de comprensión cada día, regálame sonrisas, apoyo y confianza. Esto suena idílico. Después llega la realidad en la que nos vemos "obligados" a regalar (por no hablar las cosas claras y hacerlo cuando a uno le entren ganas porque sí y no porque alguien lo manda). También regalamos por el simple hecho de sorprender a esa persona a la que, de un modo, le estamos agradeciendo a través de ese gesto, todo lo que hacen por nosotros cada día. Ese gesto tan bonito es el gesto de amor más puro y más sincero que debemos hacer. Es por ello que cuando regalamos, tenemos que hacerlo de corazón, pensando qué libro escogeremos para esa persona, o qué libro nos escogerá a nosotros y, por ende, al benefactor del regalo.

Regálame una historia, cómeme a versos después, sedúceme el pensamiento, escucha latir mi corazón al son de un soneto y demuéstrame lo que es amor haciéndome volar con lo más preciado que tenemos, el intelecto. Y si aún no soy consciente de la magia de la lectura, házmelo saber, enséñame a abrir la mente, no me dejes olvidada en la cueva de la ignorancia.

Hagamos de este día el día del Amor, el día del Libro, el día de la lectura, de la magia, del arte y la literatura, creemos nuestra historia de amor sobre el papel que me regalaste aquel día cuando me demostrarte que el amor y el conocimiento, si van de la mano, son ambos mucho más hermosos y más eternos.

Y no solo hablo de esos amores de pareja que aburren cuando no te sientes en esa onda, no me refiero a ese San Valentín, sino al Amor con mayúsculas. Regálame un libro por ser yo tu persona especial, tu mejor amiga, tu hermana del alma, tu madre, tu hija, tu paño de lágrimas, tu confidente, tu esperanza de cada día, tu guía. Regálame amor y regálame sabiduría.

Si hay que elegir un día como el día del amor consumista, ¿por qué no desterramos San Valentín y el amor vano que nos ofrece y lo sustituimos por un amor más verdadero a los libros? Convierte a esa persona que amas en una nueva lectora. Creemos personas lectoras a las que amar y regalar amor de verdad, y así, una vez al año, podremos disfrutar de esa excusa comercial que tanto nos gusta (y de obligarnos a regalar-agradecer), con el aliciente de estar haciendo con ello un bien más allá de la persona amada, generando así cultura, generando así más amor y generando, aún mejor, vida interior.

Por ello os pedimos desde QFem que os unáis a la iniciativa de modificar el nombre del día que se conmemora el 23 de abril, el Día Internacional del Libro, por este otro: Día del Amor Internacional por el Libro y las Personas Lectoras.

 

 

 

 

 

 

 



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