Fútbol Base, una escuela de "mala educación"

Fútbol Base, una escuela de "mala educación"

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Jose Luis Villaescusa Gallego ha iniciado esta petición dirigida a Luis Rubiales (Presidente de la Real Federación Española de Fútbol) y

Señor Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol y Señor Velasco, presidente del Comité Técnico de Árbitros: inicio esta petición de firmas dirigida a ustedes con la esperanza de que atiendan una gran preocupación compartida por muchos de los padres que llevamos a nuestros hijos a clubes o escuelas de fútbol federadas. El comportamiento de algunos progenitores, una minoría no tan minoritaria, convierte los encuentros de fútbol de los niños en verdaderas escuelas de mala educación, creando, además, un clima de tensión y violencia muy lejano a lo que debería ser una fiesta deportiva para disfrutar.

Entre todos, también se podría incluir a los profesionales mediáticos (jugadores y entrenadores) y a un gran número de periodistas y programas deportivos, ofrecemos un ejemplo nefasto a los niños que, además de practicar un deporte, están en una etapa de la vida fundamental para su educación.

Creo que en sus manos está solucionar el problema con cierta facilidad, al menos, en lo que concierne a dos de los grupos anteriormente citados. Referido al comportamiento de los espectadores, que en su mayoría son padres de los jugadores, y a los cuerpos técnicos de los equipos, la solución la veo sencilla: tolerancia cero a las protestas, críticas y, mucho menos, insultos a los árbitros o a los jugadores propios o del equipo contrario.

Desde la Federación hay que inculcar a los colegiados que por norma detengan los encuentros en el caso de que existan comportamientos inadecuados en las gradas. A través de los delegados de campo, o como ustedes lo consideren más adecuado, deben transmitir a las personas implicadas que el encuentro se detendrá hasta que no depongan su actitud, obligándoles a que abandonen el recinto deportivo en caso de reincidencia. En los casos de comportamiento antideportivo de miembros del cuerpo técnico, las sanciones serán ejemplarizantes y si son reincidentes se les impedirá dirigir equipos de niños en escuelas o clubes federados.

Por otra parte, el ejemplo que ven nuestros hijos de sus ídolos, los jugadores de fútbol profesionales es nefasto. Con las tecnologías audiovisuales existentes es muy fácil comprobar la intención de engañar al árbitro, las agresiones a contrarios, las airadas y constantes protestas, etc, … Este comportamiento antideportivo se debería castigar, durante el partido o después del partido si hay imágenes claras que lo demuestran. Los jugadores y entrenadores profesionales deben aprender a comportarse, los ojos de nuestros hijos están fijos en ellos.

Por último, quizá más ajeno a su competencia, la tercera pata del problema son los medios de comunicación. La crítica constante durante las retransmisiones deportivas o los programas posteriores a la actuación del colegiado, muchas veces sin educación y de forma exaltada, crea una normalización desacertada en el constante cuestionamiento de las decisiones arbitrales, olvidando por completo que también son deportistas y que se pueden equivocar como se equivocan los veintidós jugadores durante el encuentro.

Estoy convencido de que la aplicación decidida de estas normas mitigaría en gran medida el problema que nos ocupa, incluso creo que se reflejaría, a la larga, durante los encuentros de fútbol de las categorías superiores, cuando los niños a los que hemos educado en valores deportivos fueran los adultos que acuden a los estadios.

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