Petition Closed
El hombre ha llegado al extremo de romper los límites naturales entre las especies e incluso entre reinos, como en el caso que introduce ADN de pez en el genoma de la papa, para conferirle resistencia al frío. Esto ha sido facilitado por la biotecnología y su amiga la ingeniera genética creando así los transgénicos. Nos preocupa la actual visión utilitaria de la naturaleza que no mide los daños ecológicos en pos de ganancias económicas. Consideramos importante un conocimiento a nivel popular del tema ya que siendo tan relevante no ha sido difundido por las autoridades y por el contrario estas ya han tomado una posición permisiva a espaldas de la opinión publica. ¿Que son los transgénicos y como se hacen? Todos los seres vivos tienen células que en su núcleo contienen cromosomas con genes que codifican una determinada característica. Los genes se intercambian naturalmente a través de la reproducción y de la actividad de virus, bacterias y plásmidos. Este intercambio ocurre entre especies compatibles entre si o emparentadas, taxonomicamente cercanas. La ingeniería genética ha permitido transferir genes de un organismo a otro, aun cuando no exista ninguna forma de compatibilidad entre los organismos involucrados. Para indicar si se realizo la transferencia, se esta usando genes de resistencia a antibióticos. También se utilizan bacterias, virus y plásmidos (ADN independiente con gran capacidad migratoria y de recombinación) como vectores, es decir como vehículos para infectar al organismo receptor, transfiriéndole la información genética. Otra tecnología de transferencia es a través de la llamada biobalística, por la cual una vez hecha la construcción del paquete con promotor, gen buscado y marcador, se adosa una microbala de tungsteno u oro y se dispara contra células del organismo receptor, pegando dentro y/o fuera de la célula, dentro y/o fuera del núcleo, dentro y/o fuera del cromosoma. En ningún caso se tiene control de donde en la cadena cromosomica se inserta la nueva característica. “La ingeniería genética es su estado actual, si la comparamos con la ingeniería civil, seria como ir construyendo un puente tirando ladrillos al otro lado del río para ver si caen en el lugar correcto, usando solo los que hayan servido medianamente a tal efecto, y dejando el lecho del río lleno de materiales que no se conoce que efecto puedan tener. Con el agravante de que estos materiales están vivos, se reproducen y tienen su propio ámbito de acción.” (Silvia Ribeiro). Esta metáfora nos ilustra la situación en que esta ahora la ingeniería genética, que pretendiendo ser un área experimental confiable, se maneja a ciegas en un terreno potencialmente peligroso, ya que aun no hay suficiente respaldo comprobado con respecto a la seguridad e inocuidad de estos productos. ¿Quiénes los hacen? Estados Unidos, Canadá y Argentina son los tres países con mayor producción de transgénicos. Europa se mantuvo al margen, en 1999 decreta una moratoria de tres años contra el cultivo y comercialización de transgénicos en agricultura. En Uruguay, según datos del Instituto Nacional de Semillas, en 1999 ya existían 10.000 hectáreas de soja transgénica. Acceder a la información sobre estos cultivos es engorroso ya que no existe una lista publicada de las aprobaciones otorgadas. (Estamos por conseguir los últimos datos del 2011 para actualizar). Los transgénicos cultivados en el mundo se reparten en dos grupos: 71% fueron cultivos con tolerancia al herbicida propiedad de la misma compañía que vende la semilla, el 28% fue tolerancia a insectos basados en la utilización de la toxina Bacillus Thuringiensis y solo el 1% restante tenia otra característica. De esta forma crean una dependencia entre ambos productos (la semilla y el herbicida). Quienes obtienen el beneficio de estos cultivos son las multinacionales que tienen las patentes de esos transgénicos. Ellas mismas venden el veneno y el antídoto. Son solo unas pocas las empresas que tienen el monopolio de la producción mundial de semillas y agroquímicos y una gran parte del sector farmacéutico. Las que mas facturan son: Novartis, Monsanto, DuPont y Dow Chemical. En Uruguay la mayor parte de la investigación biotecnológica de la Universidad o el INIA se hace en relación a contratos financiados por instituciones extranjeras que a su vez son financiadas por las empresas antes mencionadas.
Letter to
Gobernantes de la República Oriental del Uruguay
Por nuestra salud, por nuestro medio ambiente y porque es un derecho básico como consumidor el de ser informado acerca de los alimentos que consume, es que los adherentes a este grupo exigimos el etiquetado de alimentos transgénicos en Uruguay.

El hombre ha llegado al extremo de romper los límites naturales entre las especies e incluso entre reinos, como en el caso que introduce ADN de pez en el genoma de la papa, para conferirle resistencia al frío. Esto ha sido facilitado por la biotecnología y su amiga la ingeniera genética creando así los transgénicos.

Nos preocupa la actual visión utilitaria de la naturaleza que no mide los daños ecológicos en pos de ganancias económicas.

Consideramos importante un conocimiento a nivel popular del tema ya que siendo tan relevante no ha sido difundido por las autoridades y por el contrario estas ya han tomado una posición permisiva a espaldas de la opinión publica.

¿Que son los transgénicos y como se hacen?

Todos los seres vivos tienen células que en su núcleo contienen cromosomas con genes que codifican una determinada característica. Los genes se intercambian naturalmente a través de la reproducción y de la actividad de virus, bacterias y plásmidos. Este intercambio ocurre entre especies compatibles entre si o emparentadas, taxonomicamente cercanas.

La ingeniería genética ha permitido transferir genes de un organismo a otro, aun cuando no exista ninguna forma de compatibilidad entre los organismos involucrados. Para indicar si se realizo la transferencia, se esta usando genes de resistencia a antibióticos. También se utilizan bacterias, virus y plásmidos (ADN independiente con gran capacidad migratoria y de recombinación) como vectores, es decir como vehículos para infectar al organismo receptor, transfiriéndole la información genética.

Otra tecnología de transferencia es a través de la llamada biobalística, por la cual una vez hecha la construcción del paquete con promotor, gen buscado y marcador, se adosa una microbala de tungsteno u oro y se dispara contra células del organismo receptor, pegando dentro y/o fuera de la célula, dentro y/o fuera del núcleo, dentro y/o fuera del cromosoma. En ningún caso se tiene control de donde en la cadena cromosomica se inserta la nueva característica.

“La ingeniería genética es su estado actual, si la comparamos con la ingeniería civil, seria como ir construyendo un puente tirando ladrillos al otro lado del río para ver si caen en el lugar correcto, usando solo los que hayan servido medianamente a tal efecto, y dejando el lecho del río lleno de materiales que no se conoce que efecto puedan tener. Con el agravante de que estos materiales están vivos, se reproducen y tienen su propio ámbito de acción.” (Silvia Ribeiro). Esta metáfora nos ilustra la situación en que esta ahora la ingeniería genética, que pretendiendo ser un área experimental confiable, se maneja a ciegas en un terreno potencialmente peligroso, ya que aun no hay suficiente respaldo comprobado con respecto a la seguridad e inocuidad de estos productos.

¿Quiénes los hacen?

Estados Unidos, Canadá y Argentina son los tres países con mayor producción de transgénicos.
Europa se mantuvo al margen, en 1999 decreta una moratoria de tres años contra el cultivo y comercialización de transgénicos en agricultura.

En Uruguay, según datos del Instituto Nacional de Semillas, en 1999 ya existían 10.000 hectáreas de soja transgénica. Acceder a la información sobre estos cultivos es engorroso ya que no existe una lista publicada de las aprobaciones otorgadas. (Estamos por conseguir los últimos datos del 2011 para actualizar).

Los transgénicos cultivados en el mundo se reparten en dos grupos: 71% fueron cultivos con tolerancia al herbicida propiedad de la misma compañía que vende la semilla, el 28% fue tolerancia a insectos basados en la utilización de la toxina Bacillus Thuringiensis y solo el 1% restante tenia otra característica.

De esta forma crean una dependencia entre ambos productos (la semilla y el herbicida). Quienes obtienen el beneficio de estos cultivos son las multinacionales que tienen las patentes de esos transgénicos. Ellas mismas venden el veneno y el antídoto.

Son solo unas pocas las empresas que tienen el monopolio de la producción mundial de semillas y agroquímicos y una gran parte del sector farmacéutico. Las que mas facturan son: Novartis, Monsanto, DuPont y Dow Chemical.

En Uruguay la mayor parte de la investigación biotecnológica de la Universidad o el INIA se hace en relación a contratos financiados por instituciones extranjeras que a su vez son financiadas por las empresas antes mencionadas.