#todosomosvandal

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#todosomosvandal

Desde el inicio de la anunciada “guerra contra el graffiti”, declarada por el Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, el 14 de marzo de 2018, hasta la cacería de jóvenes promovida en los últimos días por la alcaldía, en alianza con el Gobierno Nacional, debido a la intervención realizada en un vagón del metro, se viene institucionalizando todo un proceso de criminalización a las y los jóvenes de la ciudad. Especialmente a todos aquellos que nos pertenecemos a la cultura Hip Hop, que nos identificamos con una música y estéticas particulares, con otras formas de hacer arte, de expresarnos, de comunicarnos. Frente a ello, raperos, graffiteros, breakers, djs, y todos aquellos que vivimos el Hip Hop día a día en el norte, en el centro, en el sur, en los valles, en las desatendidas y olvidadas periferias de esta ciudad, nos pronunciamos de manera oficial a través del presente comunicado. Pues la criminalización y la estigmatización de la que somos objeto, atenta contra nuestra integridad y la de nuestras familias, y afecta, aún más, a nuestras realidades ya marcadas por la desigualdad y la violencia perpetradas por un sistema económico injusto y violento, llamado capitalismo, a nuestras realidades marcadas por el olvido de las necesidades básicas de nuestros barrios, por parte de un gobierno local mediocre y cuestionado.

 En toda esta arremetida estructurada desde el Estado ecuatoriano y las grandes empresas de comunicación, se entrecruzan intereses electorales, la ignorancia, y la crítica vacía de los sectores más conservadores de la sociedad, aquellos que persiguen esos ideales fascistas, de blanqueamiento y limpieza social, como consecuencia de la ciudad vista como mercancía. Hemos sido testigos de cómo estos sectores se encuentran articulados al poder para deslegitimarnos, para criminalizarnos a nosotros, jóvenes, estudiantes, trabajadores, padres, hijos, hermanos. Y a partir de ello, para acabar de a poco con esos espacios de lucha, de reivindicación de derechos, de expresión de muchos otros sectores que se han apropiado de las calles, de las esquinas, de las paredes, de las plazas, para expresarse, para ganarse el pan, para sobrevivir.

 Desde sus inicios, en la historia, el ser humano reclamó paredes y muros como soportes para comunicar. El graffiti, una forma contemporánea de expresión, y uno de los cuatro elementos de la cultura Hip Hop, surge en los años 70`s, en los barrios marginales de Nueva York, como una respuesta a la violencia, a la discriminación, a las desigualdades económicas y sociales. Se trata de una expresión artística, a partir de la caligrafía, que viene desarrollándose desde hace décadas en el mundo entero.

 Al parecer, el alcalde no cuenta con un asesor que oriente su gestión, estrategias y discursos, por lo que ya hemos tenido que acostumbrarnos a escuchar cualquier imprecisión de su parte. Por esto, le exigimos que antes de referirse despectivamente a algo que ignora, siempre es posible, leer, informarse, investigar. Con respecto al graffiti, en repetidas ocasiones lo han llamado “garabatos hechos por delincuentes”, sepan ustedes, señores Rodas, Zapata y demás politiqueros, que se trata de una expresión artística; quizá de otra índole al tipo de arte que ustedes consumen o contemplan en las galerías, y el hecho de que no la conozcan, no quiere decir que no sea “arte”. Es como si nosotros, el pueblo, afirmáramos que esas pinturas abstractas, tan caras y “reconocidas”, que no conocemos muchas veces, tampoco fueran arte. Lo que sí es claro, es que nuestro arte popular no es complaciente, por el contrario, busca incomodar, cuestionar, solidarizarse, comunicar, transgredir el ordenamiento y la normativa impuesta por el Estado burgués que nos oprime día a día.

En el Ecuador los muros han sido el medio de expresión, de reclamo, de comunicación, de las demandas y luchas de muchos sectores. Aún para usted Mauricio Rodas, si para usted que llenó las paredes de la ciudad, con graffitis de su lista y de su nombre durante la campaña política, así como lo hacen todos los candidatos de turno. Al parecer la “libertad de expresión” constituye solo un enunciado que se acomoda a los intereses de los grupos de poder, esa libertad de expresión que tanto reclaman los medios de comunicación, pero que cuando se trata de la libertad de expresión del otro, se les olvida. En todo caso, la toma del espacio público ha sido, es y será el medio de comunicación de los pueblos, donde ejercemos ese derecho a expresarnos. Los muros de nuestra ciudad han sido tomados como el lienzo para exigir, para demandar, para hacernos ver, en contraste a toda esa publicidad, de las grandes empresas, que nos meten por los ojos y que nadie cuestiona. El graffiti writing, el de las letras, ese “garabato” inscrito en el metro, como una acción en solidaridad por la muerte de 3 jóvenes graffiteros colombianos, es una expresión que data desde finales de los 80´s en Quito; es decir, que está aquí desarrollándose y expandiéndose desde hace más de tres décadas, antes de que usted Mauricio Rodas pensara siquiera en ser alcalde, desde entonces generaciones de escritores han aportado al desarrollo de esta forma de comunicación. El graffiti como movimiento, se ha extendido masivamente en la ciudad, desarrollando estilos y variaciones complejas, y seguirá creciendo aún después de su triste paso por esta administración.

Entre la ignorancia y la desesperación del alcalde por no terminar tan, por decir lo menos, vergonzosamente su período, como una de las peores administraciones de la ciudad, parece que creyó encontrar en los graffiteros un “blanco fácil” para generar una coyuntura que reacomode la pésima imagen que forjó cada año, a través de su mediocre gestión. Una imagen acabada entre el desborde y la pestilencia de la basura, de la corrupción, de la ineptitud, de la demagogia. Así mismo, hay también quienes ya se están trepando en esta coyuntura, para tratar de acaparar votos para las elecciones próximas. Paco Moncayo ya se ha expresado en redes alimentando todo este escenario de violencia contra miles de jóvenes del movimiento Hip Hop de la ciudad, y ni se diga del cómplice del alcalde, Juan Zapata, que muy empoderado del tema del graffiti, criminalizándonos en la Fiscalía, ya tiene a todos los medios dándole pantalla para su anticipada campaña política.

Cabe decir, que la alcaldía está equivocada si insiste en querer usar al graffiti para desviar la atención de todos los problemas que afrontamos como ciudad. También se equivocan los flamantes y tan oxidados candidatos, si creen que a partir de esto tendrán más votos. Pues la gente no es tonta, y no olvidamos. Cada día vivimos las consecuencias nefastas de sus decisiones, de su falta de honestidad, de su inoperancia y su hipocresía. Tenemos claro que el patrimonio cultural sólo le importa a la alcaldía cuando se trata de estigmatizar al graffiti, no cuando se trata de los vestigios arqueológicos encontrados en las excavaciones de la Plaza de San Francisco, pues con el millonario metro se pasaron por encima de un centro ceremonial preincaico. El asistir a ver la tan promocionada fiesta de las luces, nos recuerda cuánto dinero se invierte en eso, mientras no hay recursos para solucionar nuestras necesidades básicas en los barrios. Cuando ofrecen 100.000 dólares de recompensa por nuestras cabezas, recordamos todo lo que nos hace falta como ciudad. Nuestros barrios empolvados y enlodados lo sienten en el día a día, con la basura encima, sin calles, sin veredas, sin espacios dignos para la recreación y uso del tiempo libre, o con parques llenos de matorrales y juegos oxidados. Recordamos que nos cortan el agua, que no hay iluminación en los barrios. La gente no olvida la violencia perpetrada contra los vendedores ambulantes, ni el problema de la movilidad que no han podido resolver. Nadie se traga el cuento de que es “nuestro metro”, no señores, es de ustedes. No olvidamos que nos morimos de hambre mientras ustedes se llenan los bolsillos con los sobreprecios de los contratos. Ya queremos saber cuál será el precio del pasaje del metro para ver si es de todos, de los que podrán pagar, o de los empresarios que lo administren.

Pero aquí estamos como movimiento Hip Hop, organizados, para decirles que no seremos su blanco fácil, y que no permitiremos que nos señalen a toda una cultura para saciar su hambre de votos, de poder, de dinero y odio. Aquí estamos para solidarizarnos y defender a los nuestros, a los de pantalón ancho y gorra, a esos a los que quieren estigmatizar como delincuentes, a los que no tenemos armas para matar, ni medios de comunicación para mentir, tal como lo hace el alcalde incriminándonos con mentiras sobre la acción del metro, y tal como si lo ha hecho el Estado, asesinándonos. Son ustedes los que nos matan, los de terno, los uniformados que, en vez de cuidarnos, roban y asesinan. La sociedad no olvida lo que hicieron con Paúl Guañuna, un adolescente, un estudiante de colegio, asesinado cobardemente por la policía, por escribir su nombre en la pared con un marcador, en enero de 2007, durante la alcaldía de Paco Moncayo.

Si la firma de las ordenanzas 282 y 332, durante la administración de Augusto Barrera, ya implicaron un proceso de exclusión, represión, persecución y afectación laboral para los graffiteros, y otros sectores sociales que se expresan en las calles, ahora las acciones tomadas en la fiscalía por esta administración, y las declaraciones hechas a través de distintos medios, fomentan además el odio, la discriminación y la violencia contra nuestra cultura.

Ya pasó una vez, con Paúl, así que a través de este comunicado queremos dejar sentado públicamente que si la fuerza pública o alguien de la ciudadanía, alentada por la incitación del alcalde, por la criminalización de la que somos objeto, nos agrede, nos desaparece o nos mata, responsabilizamos por nuestra integridad y la de nuestras familias,  al alcalde de Quito, Mauricio Rodas y a los grandes medios de comunicación que reproducen este discurso.

 Expresamos nuestra solidaridad con todos aquellos perseguidos por la acción del metro, su intervención, en buena hora, ha servido para que la ciudad ponga en cuestión la pésima gestión del alcalde. No están solos, somos miles y seguimos creciendo, no solo los graffiteros sino todas y todos los que nos tomamos la ciudad haciendo vandal a través de carteles, stencil, pintas, stikers, y demás, en reclamo por los desaparecidos, por la violencia contra las mujeres, por los trabajadores, por los estudiantes, pues #todosomosvandal.

 Nuestra solidaridad también con todos aquellos que ahora afrontan la mirada de desconfianza de su vecino o vecina, gracias a la difamación por parte del alcalde y los medios, a través de declaraciones, notas, y gráficas recreadas sobre la intervención del metro. Ahora llevar un pantalón ancho es como llevar inscrito el signo de dólares, que no muchos, estarán dispuestos a tratar de cobrar. Ventajosamente somos tantos, más nuestras familias y amigos que nos conocen y no se dejarán seducir por una mentira más de esta estrategia de deslegitimación de nuestro movimiento. La sociedad está atenta y crítica de lo que nos quieren vender a través de las primeras planas de los noticieros. Los días pasan y junto con el hambre y la necesidad crecen también las voces y las caligrafías del pueblo. Por eso, Mauricio Rodas, no nos iremos a otra parte con nuestro arte, cuando la ciudad entera sabe que el que se tiene que ir a otra parte es usted, por el vergonzoso papel que ha hecho como alcalde de la ciudad, al olvidarse de quienes confiaron en su oferta de campaña, y que ingenuamente le dieron su voto.

 Solidaridad con los graffiteros que intervinieron el metro y con todos los que nos sentimos perseguidos. Rechazamos las mentiras del alcalde, además llamamos a otros sectores a la unión y organización en contra de estas medidas.

 Somos Hip Hop y estamos juntos, con nuestros familiares, amigos, compañeros, que nos apoyan, somos pueblo.

 



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