HAGAMOS HISTORIA: TRASLADEMOS NUESTRA EMBAJADA A JERUSALÉN

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Muy estimado Sr. Rajoy:

Sin ser religioso, y estando tremendamente preocupado por el bienestar de España, me dirijo a Vd. con toda humildad y respeto, esperando que considere y haga lo que a continuación le expongo:

Dice la Biblia que cuando el Eterno le habló al padre Abraham de Su proyecto divino, el de salvar a toda la humanidad  por medio de su descendencia  (Isaac y Jacob/Israel), le dijo:

*"Al que te bendiga bendeciré, y al que te maldiga, maldeciré"* (Gén. 12:3). Y así ha sido, es y será, nos guste o no.

Por ese canal, Dios bendeciría al mundo en el plano físico (horizontal) y sobre todo en el espiritual (vertical), por donde Él nos dio los Diez Mandamientos, el resto de la Biblia y -lo más importante- el Mesías prometido ("el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo").

Pues bien, créame Sr. Rajoy, esta fórmula eterna es la que ha hecho que los reyes, los gobiernos, las naciones, las familias y las personas en general sean bendecidos o destruidos a través de los siglos... De esto no hay la menor duda, y la historia nos lo confirma.

Un servidor y todos los que me secundan así lo creemos, y de ahí que haya empezado mi carta de esta manera, deseando que mis palabras le lleguen, las lea y las considere para que Vd. actúe tal y como le recomiendo aquí con humildad, buena fe y entendimiento.

Asegurarle también que, aparte de orar por Vd., por su familia y por el Gobierno que preside (tal y como se nos ordena en el Libro de Instrucciones -la Biblia- en 1ª Timoteo 2:1,2) queremos poner nuestro "granito de arena" para hacer todo lo que podamos con el fin de que nuestra querida España no se hunda más de lo que está.

Verá, hace unos 2.650 años, el profeta Daniel dijo al Emperador Nabucodonosor que"Dios quita y pone reyes". Créame, esta fórmula sigue vigente; se aplica a todos los reyes del mundo y a todos los líderes habidos y por haber, incluyéndolo a Vd.

Después de que el enviado del Altísimo le explicara el significado de la famosa estatua al Emperador, su posición y papel dentro del proyecto divino y mundial (el de reconciliar al mundo entero con el Señor a través del canal llamado Israel), aquel monarca comprendió que no era de sabios ir contra la voluntad del Dios de su consejero e hizo todo lo posible para llevar a cabo Sus planes en la generación en que le había tocado vivir (Daniel 2).

La larga historia de Israel (de 4.000 años ±) nos dice cómo han tratado de sobrevivir en medio de esos imperios, incluyendo el nuestro, imperios que ya no lo son, dicho sea de paso. Lo que sí existen todavía son los mismos "cánceres" satánicos que al final los destruyeron; me refiero al del antisemitismo, reemplazamiento religioso y antisionismo, dicho de otra manera: anti-Sion (anti-Jerusalén / anti-Israel).

Hoy en día, el mundo entero (representado por sus respectivos gobiernos en la ONU, incluyendo el nuestro) va en contra de esos mismos planes, repito, divinos. ¡Y así les va...!

Desgraciadamente, España no fue la primera nación que reconoció al Estado de Israel cuando resurgió en aquel inolvidable 14 de mayo del 1948 como cumplimiento profético (Isaías 66:8).

Para sorpresa de todo el mundo, Israel renació después de haber sobrevivido entre ese viejo "calvario" en el que siempre fue perseguida por el mero hecho de ser el pueblo escogido para anunciar las buenas noticias de redención y salvación mundial y ser "luz y sal" entre las naciones.

Hablando de "calvario", me refiero al de Egipto, de Asiria, de Babilonia, de los Persas y Medos, de Grecia, de Roma, del islam, de las Cruzadas, de Lutero, de las expulsiones de Inglaterra, de Francia y de España con su famosa Inquisición, de los pogromos rusos, del Holocausto y ahora de las Naciones Unidas.

Pues bien, "entre pitos y flautas" e influenciada por los intereses religiosos y económicos, además de las amenazas del mundo árabe (las que Vd. muy bien sabe), nuestra querida España esperó 38 largos e inútiles años hasta que, ¡por fin!, dándose cuenta de lo que había perdido y de la forma tan estúpida con la que actuó mientras tanto, estableció relaciones diplomáticas en aquel famoso 17 de enero del 1986. Los resultados no tardaron mucho en ser vistos, y España subió como la espuma.

Nuevo años antes, el islam de aquél entonces, el mismo de hoy, boicoteó a todas las naciones (incluyendo la nuestra) con el embargo del petroleo, por lo que tuvieron que trasladar sus embajadas a Tel Aviv si querían seguir recibiendo el apreciado y traidor "aceite" u "oro negro" que las sustentaba. Y alli están hasta el día de hoy, sencillamente porque el mismo boicot satánico sigue "vivo y coleando"...

Y ahora, hablando de la actitud que España tiene en estos días hacia la nación indestructible de Israel, del lugar en el que debe estar su capital eterna, de sus fronteras, de sus asentamientos, etc., sin tener en cuenta lo que el Eterno determinó, tenemos más de lo mismo.

Dígame Sr. Rajoy, ¿quién no va a recordar en el futuro la metedura de pata histórica que Europa hizo al rechazar la decisión del Presidente Trump (la de reconocer a Jerusalén como capital de Israel) y 3 días más tarde su abstención (el 21 de diciembre de 2017) en la ONU (mayormente compuesta de naciones que -no nos engañemos- buscan la aniquilación de Israel, el de toda la vida)? ¡Qué pena!

¡Qué triste ha sido siempre la historia de nuestra querida España!, Sr. Rajoy y -por lo que se ve- seguirá siéndolo si no se hacen las cosas "como Dios quiere y manda". Hoy, y con la ayuda de su Gobierno, se está cometiendo el mismo error, por un montón de razones, entre otras: la religión con su doctrina de reemplazamiento, la ignorancia, la presión económica, el islam, etc., y sobre todo, por no querer saber los planes del Todopoderoso. Estos planes están descritos en ese Libro de Instrucciones (la Biblia),  el que Dios nos dejó para que, al leerlas y ponerlas en práctica, "TODO nos saliera bien" (Josué 1:5-9).

Según lo que sabemos y aparte de las razones individuales que puedan tener, tanto el Presidente de los Estados Unidos (el Sr. Trump) como el de Guatemala (el Sr. Morales) y, por ahora, los líderes de otros 10 países más, han apostado por situarse dentro de la voluntad de Dios al mover sus embajadas de Tel Aviv a Jerusalén.

Para nosotros no es cuestión de "politiqueos", conveniencias o intereses personales, no. Es, simplemente, saber cuál es la voluntad de Dios, hacerla, ¡y punto!

De acuerdo con la eterna Palabra de Dios, Él fue el que eligió esa ciudad (Sion/Jerusalén) para ser Su santa morada. Él quiso que después se construyeran allí tanto el Primer como el Segundo Templo, para después dar paso al Tercero, al que todas las naciones irán para adorarle y estudiar Su Palabra (1ª Reyes 11:36; Ezequiel 5:5; Zacarías 12:1-3; Isaías 2:2-4, etc.).

Es por esto y por todo lo demás, muy estimado Sr. Rajoy, que le sugiero que no vaya en contra de Su voluntad, que se asegure cuál es, que se aferre a ella y que la haga, digan o que digan. Créame, Él le ayudará a hacerla, pues es Su promesa.

¡Qué maravilloso sería si, siguiendo el ejemplo de los que lo harán a partir del día 14 de mayo, España no fuera el último país para reconocer y trasladar la Embajada a Jerusalén en esta nueva oportunidad que el Eterno nos da!

Y pensando en el refrán: "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le acobija", ¿puede Vd. imaginarse el "aceite" y las bendiciones que caerían del Cielo sobre nuestro país si Vd. apoyara y se quedara al lado de este buen "Olivo" (Israel)?

Recuerdo que al escribir al Sr. González en aquél entonces sugiriéndole que estableciera relaciones diplomáticas con Israel,  le dije: "Hágalo, Sr. González. La historia e Israel lo recordarán siempre. Es más, Vd., su Gobierno y España serán bendecidos de una manera sobrenatural". Y así fue...

Hoy, lo mismo que le dije a él, se lo digo a Vd.: pase a la historia como ese hombre íntegro y valiente que, enfrentándose a la crítica de la mayor parte del mundo, eligió hacer las cosas "como Dios quiere y manda". No hacerlo sería "meter el dedo en la niña del ojo del SEÑOR de los ejércitos", como dijo otro de los profetas (Zacarías, 2:8). Por supuesto, en estos días de tanta turbulencia por la que atrevesamos, Vd. saldría del Gobierno que preside, y eso sería una pena.

Tenga la seguridad que un servidor, mi familia y todos los que aquí firmamos (y hay muchos, muchos más que piensan de la misma manera) seguiremos orando por Vd., por su familia y por el Gobierno que preside y haciendo todo lo que podamos de una manera práctica por el bien de España.

Le sugiero, apreciado Sr. Rajoy: gobierne, sí, pero, repito, hágalo de acuerdo a la voluntad del que lo escogió y puso en el poder para llevar el "timón" de esta "barquilla" que tanto se mueve en medio del "embravecido mar" que la rodea. Se lo aseguro; ¡tendremos al Presidente Rajoy para rato...!

Atentamente, y quedando a su entera disposición,

Samuel del Coso Román

TOLEDO (España)



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