Petición cerrada

Recuperemos el monasterio de Santa Fe (Zaragoza)

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En 1835 fueron expulsados los últimos monjes del monasterio de Santa Fe de Huerva. Sucedió igual que en otros monasterios de la provincia de Zaragoza como Veruela o Piedra, e igualmente todos sus bienes inmuebles fueron vendidos en subasta pública. Casi todos ellos han ido recuperándose con el paso del tiempo y tienen un futuro asegurado. ¿Por qué el monasterio de Santa Fe -perteneciente al término municipal de Zaragoza- continúa desmoronándose? La reivindicación tiene ya más de 150 años y no hay excusa que valga para semejante abandono. En algunos de los conjuntos monásticos aragoneses todavía existe vida religiosa, es decir, están ocupados bien por las mismas órdenes religiosas que los fundaron o por diferentes que adquirieron y ocuparon el inmueble. En varios monumentos se compatibiliza la vida religiosa de una comunidad con otros usos como hospedería o lugar de retiro. Un cierto número, propiedad de instituciones públicas o particulares se encuentran en la actualidad abiertos al público visitante o se ha dado de diversas funciones. El monasterio de Santa Fe, en el término municipal de Zaragoza y a tan solo 10 kilómetros, se halla sumido en el más completo abandono a pesar de sus enormes posibilidades.

Hemos de considerar el monasterio de Santa Fe como un «todo». No es justo centrarse exclusivamente en un edificio, como la iglesia, que, evidentemente, a nadie se le escapa que se trata del más significativo artísticamente de todo el conjunto. Por algo fue calificada por Fernando Chueca Goitia como uno de los mejores ejemplos del estilo barroco clasicista en España. Hay que considerar el monasterio en su totalidad. La muralla del monasterio de Santa Fe define un ámbito urbanístico que ha de ser objeto de un proyecto de intervención. No olvidemos que, precisamente la falta de un proyecto a largo plazo y de un uso estable y duradero del monasterio de Santa Fe en general y de su iglesia en particular edificio como espacio habitable ha sido una de las causas más importantes de su degradación constructiva desde el siglo XIX, dada la desatención de las normales tareas de mantenimiento que difícilmente pueden ser asumidas por un particular dado su elevado coste.

Por sus particulares características como son su ubicación, junto a dos municipios como Cuarte de Huerva y Cadrete, en el corredor del Huerva que es zona importantísima de expansión urbana de la ciudad de Zaragoza, sus grandes dimensiones, sus numerosas dependencias, su atractivo histórico, artístico y legendario o su singular implicación con la historia de Cuarte y Cadrete, el monasterio de Santa María de Santa Fe permite una versatilidad de usos extraordinaria, además de ser, por su propia naturaleza, foco de atracción para el público en general. Una adecuada utilización y gestión de los inmuebles no solo nos daría un gran servicio a los ciudadanos sino que además garantizaría su correcta conservación. Los edificios principales del monasterio de Santa Fe actualmente abandonados y en estado de ruina (sobre todo la iglesia y la portería) podrían recuperarse para tener nuevos usos acordes con la naturaleza de los edificios.

Por un lado la restauración en sí de la iglesia habría de solucionar las patologías constructivas. El aspecto de ruina que la Iglesia del monasterio presentaba en 1979 y en la actualidad, aumentado además por el hecho de carecer de cubierta e incluso de gran parte de las bóvedas y parte de los muros de cierre de las naves, no debe hacernos olvidar que gran parte de la misma permanece aún en pie y en parte en un relativo buen estado de conservación, aunque en otras zonas la ruina es casi completa.

Por otro lado, la infrautilización de la iglesia es, después de sus patologías constructivas, el daño más grave y el que probablemente requiere una respuesta más compleja, ya que no puede resolverse únicamente con las obras de restauración y exige una actuación que implique a diversos agentes sociales. Cualquier actuación debería adoptar las medidas oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción; garantizando por el contrario la protección; la conservación y la coherencia con el entorno urbano. Una opción que, bien gestionada, podría garantizar un correcto uso de las infraestructuras de la iglesia sería la recuperación del uso primitivo para el que fue creado el edificio, es decir, la celebración del culto católico.

Quiero terminar con una frase del Marqués de Lozoya que ya en 1976, además de alabar la iglesia y la torre, urgía a «actuar porque sería de lamentar que una iglesia de tanta categoría desapareciese por la incuria de los españoles».



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