Desheredados: Queremos seguir siendo Chilenos

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Estimado Señor Teodoro Ribera, Ministro de RR.EE.,
estimado Señor Andrés Chadwick, Ministro del Interior,
estimado Señor Hernán Larraín, Ministro de Justicia y DD.HH.,

en nombre de tantos Chilenos en el exterior, me gustaría hacerles partícipes de una situación que nos afecta en lo más profundo de nuestra calidad de ciudadanos y en los lazos que mantenemos con Chile.

Somos muchos los que por multitud de razones (de estudio, trabajo, personales, etc.) hemos dejado nuestro país, llegando a variados lugares, quedándonos por corto o largo tiempo. Algunos para después retornar a Chile, otros hemos llegado a asentarnos en el extranjero.

Aquí hemos construido nuestras vidas, carreras y familias, formando vínculos comerciales, académicos y culturales entre Chile y los países que nos reciben, contactos de los que sin duda se beneficia también Chile. Por motivos de estabilidad laboral, migratoria etc., muchos hemos terminado adoptando también la nacionalidad del país que nos acoge, sin por ello renunciar a nuestras raíces y nuestros lazos con nuestro país natal.

He aquí el punto que a muchos nos duele: Que muchos países nos exigen, para obtener su nacionalidad, renunciar a nuestra nacionalidad chilena. A pesar de que la tendencia en un mundo globalizado va hacia no tener problemas con una doble nacionalidad, países como Alemania, Austria, Noruega, Holanda, Japón o Corea del Sur aún exigen de sus nuevos ciudadanos la renuncia a su ciudadanía anterior.

Por supuesto, ni siquiera países importantes como éstos pueden sustraerse completamente a la realidad internacional, por lo que existen excepciones para los ciudadanos aquellos países cuyas leyes simplemente no contemplen la pérdida de su nacionalidad. Es el caso por ejemplo Argentina, Brasil, Uruguay o México, que sí protegen la nacionalidad de sus ciudadanos, ya que la conciben como un derecho irrenunciable. Tal configuración legal es plenamente reconocida por los países desarrollados, por lo que eximen a los nacionales de tales países de la renuncia a su nacionalidad anterior.

Nos extraña, por lo tanto, que nuestro país nos deje solos frente a estas presiones, toda vez que Chile debería tener un especial interés en conservar el lazo con sus ciudadanos en el exterior, sea que adopten una segunda nacionalidad o no. Se trata en general de gente que ha luchado e incluso ganado mucho, que son un nexo natural entre Chile y el mundo, y pueden contribuir mucho al desarrollo del país, si es que el lazo se mantiene fuerte. Si no, Chile los irá perdiendo, y si no es a los de la primera generación, entonces a nuestras familias. Quien es ciudadano chileno mantendrá más el apego que aquél para quien Chile sólo es una memoria cada vez más distante, o simplemente el país de sus padres o abuelos, sin relación personal con él.

Por eso pedimos su ayuda, que se ponga los pantalones para proteger nuestra ciudadanía y el vínculo con nuestro país.

Esto podría realizarse por ejemplo a través de una reforma constitucional para asegurar que la nacionalidad chilena sea irrenunciable, aunque por supuesto que eso sería un proyecto mayor (que también alentamos a perseguir).

Pero dado que actualmente el Art. 11 Nr. 1 de nuestra Constitución Política indica que la nacionalidad chilena se pierde por renuncia voluntaria, bastaría también si sus Ministerios dispusieran por Circular o Instructivo a los consulados correspondientes, al Departamento de Extranjería y Migración, o al Registro Civil, que la renuncia sea denegada a aquéllos chilenos nacionalizados en países conocidos por poner presión hacia una renuncia o la hagan condición para adquirir su nacionalidad; o que por lo menos se pregunte si la renuncia es realmente voluntaria o se pide debido a una obligación impuesta, y denegarla en el segundo caso.

Como medida transitoria proponemos también una moratoria inmediata, durante la cual no se acepten más renuncias hasta tener una solución duradera.

Nos alegramos igualmente por la solidaridad de nuestros compatriotas en Chile así también como en otros países que se unan y apoyen nuestra causa (compartir es importante!). Para que podamos realmente decir: Chilenos somos todos.