Los desempleados mayores de 45 años exigimos visibilidad

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Es imprescindible atajar el desempleo de mayores de 45 años que afecta a millón y medio de personas en España, poniéndonos en riesgo de exclusión social y depresiones severas que pueden desembocar en suicidios. Una sociedad que destierra la experiencia y el talento de los mayores de 45 es una sociedad enferma que lleva a familias enteras a la desesperación. También corremos el riesgo de carecer de pensiones a la hora de la jubilación. Desde el OBSERVATORIO TRABAJO SENIOR +45 solicitamos una reunión de afectados con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, para conjuntamente establecer soluciones tanto en materia de empleo como de dignidad. Por eso te pedimos que firmes para que el presidente lea esta carta.

Apreciado señor Sánchez:

Llevo más de 27 años viviendo en España. Como para James Rhodes, también para mí este país es mi casa, y estoy enamorada de él “hasta la médula”. Pago aquí mis impuestos, intento contribuir de manera productiva (aunque el desempleo me lo impide desde hace algunos años), pero a diferencia de James (a quien admiro por su valentía y fortaleza, y por ello emulo), ya tengo el honor de tener la ciudadanía en este “maravilloso, generoso, fantástico y bonito país”, que es el de mis padres.

Al igual que Rhodes, “cuando usted fue nombrado presidente del Gobierno y eligió un Consejo de Ministros integrado en sus dos terceras partes por mujeres, me pareció que teníamos un nuevo mandatario con una mentalidad más abierta en muchos temas”. Por eso, inspirada como dije en la emotiva y certera carta del músico británico, yo también me animo a escribirle esta misiva.

Tenemos varios problemas, no solo uno. Y aunque concuerdo absolutamente con la gravedad y la urgencia que requiere la protección de los niños frente a los abusos sexuales y sus terroríficas consecuencias, y aplaudo su decisión de tomar cartas en el asunto de forma inmediata, creo que hay recursos y tiempo para invertir en solucionar otros problemas también acuciantes, y que estoy convencida que tanto Rhodes como Andrés Conde, de Save The Children, apoyarán, de la misma forma que yo (y absolutamente todos los españoles de bien) apoyo su causa sin fisuras.

Como madrileña y española de adopción, me llena de orgullo que esta ciudad, este país que algunos se han empeñado durante demasiado tiempo en destruir con corrupción, recortes, desahucios, altos índices de paro, empleos low cost, turismo de alcohol y camareros ingenieros, haya sido el refugio que James necesitaba para escapar de sus demonios, y estoy segura de que somos muchos los que opinamos igual que él, y precisamente por eso queremos aportar nuestro granito de arena para salvarlo.

Mi caso es diferente al de James, he tenido una infancia feliz, he estudiado, he trabajado y he llevado una vida bastante satisfactoria hasta que un ERE cuando tenía 54 años (hace ya tres años) acabó con mi presente y mi futuro. Mi drama comenzó pues a los 54 años, no en la infancia, pero también sé lo que es que los demás sepan o intuyan tu desesperación, tu dolor, tu humillación, tu depresión y prefieran mirar hacia otro lado. También he comprobado como quienes tienen puestos de responsabilidad lo saben o intuyen y hacen la vista gorda.

No he intentado suicidarme ni está en mis planes, pero desconozco las cifras de personas que se han suicidado o intentado hacerlo en España al verse en la calle con 50 años, sin trabajo, sin casa, sin ayuda, pero, sobre todo, sin expectativas, sin esperanzas. Porque además de estar condenadas (como siempre, somos más mujeres las que nos encontramos en esta situación, el 60%) al ostracismo, a no servir para nada, a mendigar ayuda, a fingir que no pasa nada para no preocupar más a nuestros seres queridos, a ser atosigadas por los bancos porque no tuvimos otro remedio que endeudarnos pensando que las cosas cambiarían y podríamos pagar (siempre habíamos pagado), a dejar de salir con amigos o tener vacaciones… también sabemos que al no cotizar durante los últimos 15 o 20 años de nuestra vida laboral tampoco tendremos pensiones. Con lo que quizás quitarse de en medio sea la única alternativa para muchos tarde o temprano, no todas tenemos la fuerza para aguantar las limosnas, el robo de dignidad y la indigencia.

Somos un colectivo de millón y medio de personas, y ni siquiera podemos unirnos para luchar juntos, porque es prácticamente imposible detectar a un colectivo que permanece en el oscurantismo para todo el mundo. Nadie nos ve como colectivo tan siquiera. Nadie busca alternativas conjuntas como suele hacerse para otros colectivos. Nadie ni siquiera se atreve a mencionarnos.

Yo no he podido hablar de nuestro problema en la Cadena SER, y eso que soy periodista, ni con Buenafuente ni publicar esta carta en El País. Solo dispongo de mi modestísimo blog, que me ayuda a seguir adelante y no caer definitivamente en la depresión absoluta, pero no pierdo la esperanza de que pueda llegar a leer mi carta.

Yo también quiero ayudar y me gustaría que me recibiese en La Moncloa. He dedicado muchas horas a darle vueltas a este asunto, sufro cada día la ansiedad que supone no tener ninguna certeza de que algo vaya a cambiar y pueda recuperar mi vida y dignidad, y respiro para transformar esa angustia en ideas y proyectos que me gustaría compartir, pues he analizado durante miles de horas muertas las posibilidades para salvar a este millón y medio de personas del destierro, del suicidio, bien sea físico o solo psicológico.

Por favor, contésteme (un mensaje en el blog o una carta al mail que me voy a arriesgar a poner, mpsonia.go@gmail.com, será suficiente), veámons y pongámonos manos a la obra.

Sonia Gómez Menéndez

OBSERVATORIO TRABAJO SENIOR +45

@SoniaCaracasMad

https://www.ganarelrelato.wordpress.com