DEMOCRACIA, SIEMPRE

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Las mujeres y hombres que suscribimos el presente documento estamos unidos por una  historia personal: fuimos militantes de la lucha democrática contras las dictaduras militares de antaño. En este orden de cosas, padecimos cárceles, persecuciones o exilios. Dimos nuestra muy modesta contribución  – delante de todos nosotros están aquellos que lo dieron todo, nuestros  mártires —  en la restauración de la democracia en nuestro país en los dramáticos años 80. Ahora, se unen nuevos actores democráticos que se reconocen bajo estos principios.

La propaganda en  Bolivia y en el marco internacional, sobre todo, orientada por las patéticas despedidas de renuncia de los mandatarios fugados,  está destinada a apoyar la idea de que en Bolivia hubo un golpe de Estado cívico y  policial, apoyado por las oligarquías “para derrocar al gobierno de los pobres, de los humildes y del sector campesino”.   Creemos que es  un deber salir al paso de esta distorsión del régimen depuesto. Y desmentir esta propaganda demagógica.   

Es difícil en dos líneas establecer ni siquiera un tenue perfil del llamado proceso de cambio, sus avances o sus más profundos errores. Pero coincidimos en que el régimen narcisista fue consolidando sus tendencias autoritarias, personalistas y mafiosas, sobre todo a partir del rechazo nacional a su perpetuación, con el desconocimiento del referéndum del 21 de Febrero  de 2016 y de su propia Constitución, acentuado todas sus características antedichas.

La situación actual en Bolivia no es producto de un golpe de Estado. Fue un levantamiento popular  propulsado por el hastío  hacia  un régimen sin principios políticos ni éticos, sin proyecto nacional, enemigo del medio ambiente y de la conservación de la tierra  (que al principio proclamó como su pilar esencial; ello se expresó en los gravísimos incendios  provocados  que terminaron con más de   seis millones de hectáreas de bosques  amazónicos  para entregarlo a grandes agricultores, ganaderos y tambien cultivadores de coca). Todos estos elementos fueron capaces de provocar un sentimiento de repudio en amplios sectores de la población.

El fraude masivo de las elecciones de octubre provocado por el propio gobierno del MAS, a través del Tribunal Supremo Electoral –fraude denunciado ampliamente y comprobado por la auditoria de la OEA- remató en un levantamiento popular contra el régimen. El movimiento fue pacífico y autoconvocado (iniciado por jóvenes citadinos de todas las clases sociales al que se unieron partidos políticos, comites civicos de todo el país, juntas de vecinos, sectores sociales de obreros y campesinos, gremios profesionales, transportistas y policias). Tuvo un carácter popular, anárquico, ciudadano, asambleario, con débiles nexos de conducción. Todo ello demuestra la inexistencia  de un golpe de Estado.

 El régimen, finalmente,  se quitó la máscara con la que había nacido, informando demagógicamente las luces de sus avances sociales pero ocultando su soberbia y las miserias escondidas en su falsa humildad étnica. Y dejó su último mensaje de perversidad: la división de los bolivianos en pobres y ricos, en campesinos y citadinos, en “oligarcas” y humildes.  Y el  recuerdo que nadie olvidará: el enfrentamiento a una movilización pacífica con una violencia abyecta de terrorismo, y el desencadenamiento del pillaje y la destrucción dy quema de infraestructura pública y privada, acciones que dejaron muchos muertos y heridos.  

 Quizá, pues, podemos contribuir a proclamar que los principios progresistas que nos unen sean hoy puestos en el  valor más alto. Y  para lograr ello debemos ser implacables contra el racismo, contra la discriminación, a favor del respeto a la libertad y a la democracia, y de los diferentes principios de los bolivianos como la unidad nacional y el respeto a nuestra  identidad indígena y mestiza. 

Cochabamba 12 de noviembre 2019