Detengan los arboricidios y las podas severas en Fuengirola.

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En un lugar como Fuengirola, con una densidad de población de 7500 habitantes por km2, donde el asfalto y el hormigón predominan, los responsables de planificar la ciudad debieran tener presente que los árboles mejoran las temperaturas, emiten oxígeno, capturan partículas contaminantes, sirven de hogar a los pajaritos, amortiguan ruidos, acogen y reúnen a la gente con su sombra y nos llenan de belleza, nos conectan con la naturaleza.

Los manuales de jardinería establecen tres tipos de podas: de formación, de mantenimiento y excepcionales.  La poda de formación busca crear una estructura de ramas sólidas y bien distribuidas alrededor del tronco en ejemplares jovenes.   La poda de mantenimiento se hace periódicamente para eliminar ramas muertas o enfermas, rebrotes, chupones....  La poda excepcional puede ser desmochado o terciado.  Esta última consiste en cortar las ramas dejando un tercio de su longitud mientras que el desmochado es aún más salvaje e injustificado puesto que corta las ramas a ras del tronco.  El terciado y el desmochado son prácticas desaconsejadas por todos los expertos en arboricultura.  Las razones son:

1. Cualquier poda es una agresión para una planta, que es un ser vivo, pero si esa poda además es fuerte, cortando gran cantidad de ramas y de grueso calibre, el trauma es mucho mayor.
2. Los cortes son de un diámetro considerable (ramas gordas), lo que dificulta su cicatrización y cierre, aumentando el riesgo de pudriciones. Cuanto más pequeñas son las heridas, la cicatrización es más fácil y rápida.

3. Hay especies que no soportan las podas fuertes.

4. Estéticamente un árbol desmochado es un fuste con tres muñones, un horror.

5. La estructura de ramas queda arrasada y prácticamente supone acabar con el árbol.                        

El árbol desprovisto de ramas y hojas agota sus energías. Los  brotes vigorosos y  que aparecen en los árboles podados severamente no son muestras de vitalidad tras la intervención, como erróneamente se piensa, sino un intento desesperado y costoso de crear hojas a toda velocidad para no morir. El árbol mal podado pierde esperanza de vida.

 

El geógrafo César Javier Palacios, que pertenece al Observatorio de Árboles Monumentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, afirma que la poda está relacionada con los frutales y generalizarla a todo tipo de árboles es un error y en muchos países no existe, los árboles crecen con una forma específica.  Convirtiéndolos en muñones cada año los desestructuramos, se debilitan, enferman y mueren.

El director del Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, Bernabé Moya, biólogo, suscribe el diagnóstico: "El árbol urbano no necesita una poda sistemática y continua de grandes ramas que lo deja convertido en una percha".

En Fuengirola se practica la poda excepcional como poda de mantenimiento habitual y sistemática sobre los árboles.  Suponemos que con criterios económicos puesto que es más rápido y permite no tener que repetir el trabajo en los próximos años.

Desde aquí pedimos al Ayuntamiento de Fuengirola que no cometa más arboricidios en nuestra ciudad, que cesen las podas severas, que no arranque ejemplares maduros, sanos y vigorosos, que se planifique los árboles nuevos que se plantan evitando especies que agravan los casos de alergias, que sea respetuoso y proteja a los árboles como seres vivos que son.



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