Catalunya Premio Nóbel de la Paz

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"Primero de todo, cabe decir que no soy independentista. Tampoco constitucionalista. Me interesa la situación política y social del lugar donde he crecido y resido. Sin embargo, no suelo ser persona de ideas fijas, ni de defender enconados argumentos en un momento dado usando como bandera un trozo de tela, la legitimidad o la legalidad. Conceptos que, a mi modo de ver florecen desde la más absoluta relatividad, dependiendo de quién los esgrima. Por lo tanto, no me interesa entrar al trapo sobre la cuestión que nos atañe durante los últimos tiempos en Catalunya, puesto que añadir más de lo mismo a los rios de tinta existentes aportaría poco o nada a la cuestión, y lamentablemente aún menos a la búsqueda de una posible solución.

No obstante, bajo toda esta vorágine de acontecimientos y emociones contrapuestas, algo mucho más importante me ha llamado la atención.

Tras años de proceso independentista, multitud de manifestaciones y de concentraciones han tenido lugar. Hasta aquí, nada nuevo. No ha sido ni será el primer ni último lugar donde se dan estas circunstancias. Manifestar malestares colectivos o profundas discrepancias en réplica a escenarios indeseados no es patrimonio exclusivo de Catalunya. Empero, existe un patrimonio extraordinario y único que, por el contrario, y en contraposición a la inmensa mayoría de situaciones similares que se han producido durante la Historia, sí que Catalunya ha hecho suyo desde mucho tiempo atrás. Y éste no es otro que la inmensa capacidad de expresar discrepancias, malestares y desacuerdos desde el ámbito y el amparo de la paz.

Movilizar millones de personas de forma totalmente pacífica y sin generar ni un solo escenario violento es algo al alcance de muy pocos pueblos. Así a bote pronto, el único símil fué Gandhi y su movimiento de resistencia pacífica por la independencia de la India. Aún y así, miles de personas murieron durante todo aquel proceso. No olvidemos la enorme dificultad que entraña mantener el orden y la paz en un escenario como el que nos encontramos. No hace falta recordar la tensión imperante en las últimas semanas, no exenta incluso de tremendas provocaciones. El pueblo de Catalunya, tanto de una como de otra vertiente ideológica ha reaccionado con ejemplar serenidad y un compromiso con la paz irrefutable - excepto episodios de violencia muy puntuales por grupos de ultraderecha muy reducidos -.

A día de hoy, totalmente abandonados por nuestros políticos de uno y otro bando, los catalanes seguimos buscando vías pacíficas para reivindicar nuestras ideas y posturas, dando lugar a un ejemplo formidable de exaltación de la paz. Lo habitual en tesituras como las actuales ha sido caer en espirales violentas. Ejemplos no nos faltan, desgraciadamente. Léase Ulster, País Vasco, Córcega, etc.

Es por ello, que propongo al pueblo de Catalunya como merecedor, sin duda alguna, del máximo galardón de la paz a nivel mundial: El premio Nóbel de la Paz.

Catalunya se ha ganado a pulso un reconocimiento de dicha relevancia. Más allá de las diferencias ideológicas de sus gentes, o del amparo de la razón por parte de una u otro bloque. No se trata de quién tiene razón, si no del cómo se ejerce el derecho a expresarla, y en ese capítulo, coincidireis conmigo en que si en algo se ha caracterizado el pueblo catalán, ha sido en la defensa de la paz en todas sus formas, y lo que es más importante y más difícil a su vez: la paz desde la discrepancia y el desacuerdo.

En la paz es en lo único que ahora mismo estamos todos unidos. Y eso es lo más importante.

Así que, señores del Comité Noruego del Nobel, les rogaría que tomen nota del compromiso de Catalunya en pos de la Paz."



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