No quiero que ofrezcan más chuches a mis hijas

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Bilbao, 9 de junio de 2018, 11:00 de la mañana.  Voy con mi hija pequeña de 2 años a hacer la compra a un supermercado de barrio.  La cajera, amablemente, le ofrece a mi hija un Chupa Chups (sin consultármelo previamente).  Sonrío y le doy las gracias aunque no me hace mucho tilín que le ofrezcan un dulce a mi hija, ya que yo no se los compro (salvo en excepcionales ocasiones, que tampoco soy una talibán).  Consigo negociar (sin ningún tipo de pelea, que no es poco) que no se lo coma en ese momento y que lo guarde para otro, con la esperanza de que se le olvide y pueda tirarlo a la basura antes de que vuelva a acordarse de él.

11:45.  Antes de llevar las compras al coche, paso por una farmacia.  La farmacéutica, muy simpática con mi hija, le ofrece una piruleta (tampoco me lo consulta).  Por cierto, una piruleta en la que aparecía un slogan relacionado con la salud (muy congruente con el producto que iba dentro; estoy siendo irónica).  Mi hija da saltos de alegría; ¡2 chuches en menos de 1 hora sin haber tenido siquiera que abrir la boca!  Vuelvo a negociar con ella que guarde una de las chuches para su hermana y la otra para ella, para comerlas en otro momento.

12:05.  Hemos ido a buscar a su hermana a la piscina y nos dirigimos al coche.  Antes de montar, veo que hay una tiendita que vende productos artesanos y me animo a entrar.  Mientras estamos eligiendo los productos que vamos a comprar, mi hija mayor, de 8 años, ve que en la caja hay un cesto lleno de piruletas y caramelos.  Me los señala con el dedo pero antes de que me pregunte le contesto que no, que no va a coger ninguna piruleta.  Debe ser que el señor dependiente, en su buen hacer profesional, está tan concentrado en su trabajo que no se percata de que no quiero que mis hijas coman piruletas porque según estoy pagando les acerca el cesto para que cojan lo que quieran.  Esta vez el negociar no me resulta tan pacífico como antes: quieren coger más de una, se la quieren comer al momento, abren una sin mi permiso y se la empiezan a comer mientras me encuentro conduciendo, bronca que te va en un semáforo para que me den la piruleta,...

13:00.  Llegamos a casa.  Mis hijas se entretienen con sus juguetes.  Yo guardo las compras y aprovecho para tirar a la basura el Chupa Chups y las 3 piruletas que les han regalado hoy.  Cuando vuelven a acordarse de las chuches les digo que no tengo ni idea de dónde las han guardado.  ¡Batalla ganada! 

Esto en una sola mañana, sin hablar de otras ocasiones: en un restaurante, en una carnicería, en una cafetería, en una frutería (y mira que los de la frutería lo tienen fácil para poder ofrecer algo sano a l@s cri@s...)

¡ESTOY HASTA EL MOÑO DE QUE OFREZCAN CHUCHES A MIS HIJAS!

En nuestra casa se come bastante sano, tenemos hábitos de vida saludables e intentamos inculcárselos a nuestras hijas.  Esto no quiere decir que no comamos de vez en cuando comida ultraprocesada, que mis hijas no coman chuches en cumpleaños y ocasiones especiales, que un día no les compre un helado,...pero  nosotros elegimos el cómo, el cuándo y el cuánto.  Y tampoco quiere decir que en más de una ocasión no haya rehusado la chuche que les ofrecían.

El que una persona ofrezca a tus hij@s una chuche te pone en un brete; tienes que dar las gracias pero denegar el ofrecimiento... "Ah, si? Por qué? Si solo son unas chuches!".  Vaya... ya tengo que andar explicando por qué no quiero dar caca con azúcar a mis hijas; ya tengo que empezar a explicar lo malo que es para la salud, y total para qué, si no lo quieren escuchar...; ya tengo que aguantar las miradas de "ya está la extremista esta contra el azúcar"; ya tengo que pelear con mis hijas porque ellas quieren las chuches que les ofrecen "que sí, amatxu, que son esas que anuncian en la tele de niños sonrientes y felices, que son superguays y superdivertidas".

Yo entiendo que los comerciantes, hosteleros, farmacéuticos, padres, madres, abuelos,... todos quieren ser amables y tener detalles con l@s niñ@s pero ¿por qué no hacerlo inculcando unos valores saludables?  Es tan sencillo como ofrecer unas fresas, unos arándanos, unas moras, unos gajos de mandarina, unos cachos de melón o sandía, unas castañas, unos frutos secos, unas uvas pasas o cualquier otra fruta deshidratada,...  ¡Es tán sencillo si se quiere!  Estoy segura que habrá much@s niñ@s que descubrirán frutas nuevas, nuevos sabores, nuevas formas de comer frutas.  Asociarán fruta con sorpresa guay; es el mejor premio que les podemos dar.

SOLICITO a todas aquellas personas que tienen o que son responsables de un establecimiento público que ofrezca chuches a sus clientes, que los retiren y que ofrezcan una alternativa más saludable, como por ejemplo, fruta fresca, frutos secos o fruta deshidratada.



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