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Murders committed against Colombian rural people, afrodescendent and indigenous peoples

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(ENGLISH)

Mr. President Santos:

We, the undersigned, Colombian, Latin American and Canadian individuals and organizations, respectfully express our deepest indignation for the massacre committed against unarmed peasants and indigenous people in Tandil village of Tumaco, Nariño. In addition, we condemn the growing number of murders of social leaders, Afro-descendants, indigenous, peasants, as well as FARC ex-combatants and their families.

We also draw attention to the notorious non-compliance of critical elements of the Peace Agreements, such as the Ethnic Chapter, among others, as well as the serious failures in its implementation, especially in areas most affected by the conflict.

It is known that the peasants and indigenous people killed on October 5th had formed a human chain to prevent the forced eradication of illicit crops. It is also known that the events happened in the territory of the Community Council of the Alto Mira and Frontera, where the leader Jair Cortes was subsequently assassinated; Jair is the fifth person murdered from the Board of this ancestral afro-descendent community since 1997.

Cortes was committed to the protection of ethnic-territorial rights entrenched in the 1991 Constitution of Colombia, and one of his main commitments and to the substitution of illicit crops.

It should be emphasized that on September 12th of this year, the community council signed a collective agreement with the government for crop substitution, and since then their ethnic authorities have overseen the pre-registration process for families belonging to the community council of Tandil village, for this program.
We urge immediate protection measures for Jair Cortes’ family, other members of the community council, and the community at large.

The armed forces’ intervention conveys a contradictory policy, one in which forced eradication runs against the agreements between the community and the government; against the peace accord which calls for the voluntary substitution of crops (page 107, 4.1.3.2); and it also ignores the ethnic content of the agreement, the commitment of agreement with the communities and their ethnic authorities.

It should be recognized that the document of the Peace Accords mentions these communities by name:

"As a gesture in the spirit of peace, reparation and humanity, the National Government, the FARC-EP and the representative organizations of the ethnic peoples are committed to develop a settlement program, return and restitution of the territories to the Nukak indigenous peoples, the Embera Katío of Alto San Jorge Resguardo Cañaveral, as well as the territory of the Alto Mira and Frontera Community Council and Curvaradó and Jiguamiandó (208)."

By denying economic options for survival to the communities, forced eradication creates more misery and displacement, forcing many people to take up subsistence activities deeper into the jungle, perpetuating the problem of producing crops for illicit use.

Therefore, Mr. President, we urge you, your government and the Colombian state to investigate and punish not only those directly responsible for this massacre, but rather primarily, those who have ordered these actions.

That peace agreements be respected and implemented.

That indigenous and Afro-descendant communities be heard, through their representative organizations, and provide the necessary support so that the High-Level Commission of the Ethnic Peoples (Commission for Follow-up, Incentives and Verification of the Peace Agreements) can proceed with the urgent and necessary work in terms of its implementation.

That communities are protected and the government guarantees its complete presence, mainly in territories where the FARC was located.

That social, Afro-descendant, indigenous, and peasant leaders be protected, guaranteeing their human rights in an integral manner, in accordance as described by the 1991 Constitution and the Peace Accords themselves.

That paramilitary groups and drug gangs are resolutely disbanded.

That crop substitution and eradication plans should be directed at the interests of communities, regions and the nation as a whole, not merely as a response to the interests or threats of the United States or any other country.

As we prepared to sign and circulate this letter, we received the distressing news of the death of Jair Cortes. With deep pain we wonder how many more, brave and honest men and women must die. Until when, Mr. President?

Sincerely,

Colombia Action Solidarity Alliance - CASA

(ESPAÑOL)

Señor Presidente Santos:

Los(as) abajo firmantes, personas y agrupaciones de colombianos(as), latinoamericanos(as)y canadienses, nos dirigimos a usted respetuosamente, para expresarle nuestra más profunda indignación por la masacre cometida contra campesinos e indígenas inermes en la vereda Tandil de Tumaco, Nariño.
Además, condenamos el creciente número de asesinatos de líderes y lideresas sociales, afrodescendientes, indígenas, campesinos, tanto como excombatientes de las FARC[1] y familiares de estos.

También, llamamos la atención al notorio incumplimiento de aspectos álgidos[2] de los acuerdos de paz, como el Capítulo Étnico entre otros, así como fallas graves en su implementación, especialmente en las zonas más afectadas por el conflicto.

Es sabido que los campesinos e indígenas asesinados el 5 de Octubre, se encontraban realizando un cordón humanitario, para impedir la erradicación forzosa de cultivos de uso ilícito. Que los hechos ocurrieron en el territorio del Concejo Comunitario del Alto Mira y Frontera, donde también fue asesinado el líder Jair Cortes, la quinta persona asesinada de la junta del gobierno de esta comunidad ancestral afrodescendiente desde 1997.
Cortes se comprometía con la protección de los derechos étnico-territoriales consagrados en la Constitución de Colombia de 1991, y una de sus apuestas principales era la sustitución de cultivos ilícitos.

Cabe recordar que el 12 de Septiembre este concejo comunitario firmó con el gobierno un compromiso colectivo de sustitución de cultivos, y desde entonces sus autoridades étnicas desarrollan el proceso de pre-inscripción al programa, de las familias pertenecientes al concejo comunitario de la vereda Tandil.
Urgimos medidas de protección inmediatas para los familiares de Jair Cortes, de los otros miembros del concejo comunitario, y para la comunidad en general.

La actuación de la fuerza pública denota una doble política, en la que la erradicación forzosa va en contra vía de los acuerdos entre la comunidad y el gobierno; en contra de los acuerdos de paz, que privilegia la sustitución voluntaria de cultivos (pagina107, 4.1.3.2); desconoce el enfoque étnico y territorial del acuerdo y el compromiso de concertación con las comunidades y sus autoridades étnicas.

Cabe anotar que el texto de los acuerdos de Paz menciona con nombre propio a las comunidades de esta región:

“Como un gesto de voluntad de paz, reparación y humanidad, el Gobierno Nacional, las FARC-EP y las organizaciones representativas de los pueblos étnicos se comprometen a desarrollar un programa de asentamiento, retorno, devolución y restitución de los territorios del pueblo indígena Nukak, el pueblo Embera Katío del Alto San Jorge Resguardo Cañaveral, así como del territorio del Concejo Comunitario Alto Mira y Frontera y Curvaradó y Jiguamiandó (208).”

Al no darles opciones de supervivencia económica a las comunidades, la erradicación forzosa crea más miseria y desplazamiento, obligando a mucha gente a reiniciar sus actividades de supervivencia económica selva adentro, eternizando la problemática de cultivos de uso ilícito.

Por lo tanto Señor Presidente instamos a usted, a su gobierno y al estado Colombiano a investigar y castigar, no solo a los responsables directos de esta masacre, sino principalmente a aquellos que hayan ordenado estas acciones.

Que se respeten y se implementen los acuerdos de Paz.

Que se escuche las comunidades indígenas y afrodescendientes, a través de sus organizaciones representativas, y se brinde el apoyo necesario para que la Instancia de Alto Nivel con los Pueblos Étnicos (de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación de los Acuerdos de Paz) pueda hacer su trabajo urgente y necesario en cuanto a la implementación.

Que se les de protección a las comunidades y que el estado haga presencia integral, principalmente en los territorios donde se encontraban las FARC.

Que se proteja a las y los líderes sociales, afrodescendientes, indígenas, y campesinos, garantizándoles sus derechos humanos de manera integral, de acuerdo a lo establecido en la Constitución de 1991 como en los mismos Acuerdos de Paz.

Que se combata decididamente los grupos paramilitares y bandas de narcotraficantes.

Que los planes de sustitución y erradicación de cultivos obedezcan a los intereses de las comunidades, de las regiones y de la nación en su conjunto y no meramente a los intereses y amenazas de Estados Unidos o cualquier otro país.

Cuando nos disponíamos a firmar y circular esta carta, recibimos la desoladora noticia de la muerte de Jair Cortés. Con profundo dolor nos preguntamos ¿cuántas más, mujeres y hombres valientes y honestos tienen que morir? ¿Hasta cuándo Señor Presidente?

Atentamente,

Colombia Action Solidarity Alliance - CASA



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