Petición Cerrada

En México comer dulces de piñata significa probabilidad de infarto para nuestros hijos...

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Cada vez más países del mundo están regulando los ingredientes añadidos a la comida procesada, con el fin de proteger a la población de daños o enfermedades que hoy se sabe estos ingredientes provocan. Así, en prácticamente todo el mundo se han ido eliminando particularmente de casi toda la comida industrial las "grasas trans", o aceites parcialmente hidrogenados, por el grave daño que causan a la salud de quien las consume. Estas grasas se introdujeron en la industria alimenticia como una manera de mantener los alimentos "frescos" (estas grasas no se hacen rancias) y suaves pero, en resumen, son imposibles de metabolizar por el cuerpo humano y terminan depositándose principalmente en el sistema circulatorio, ocasionando serios problemas cardiovasculares que deterioran la calidad de vida, y que se ha comprobado que son causa de infarto y de muerte. Desgraciadamente en México hay muchísimos productos que todavía las contienen (incluso aquellos que en Europa o en Estados Unidos han sido reformulados por presión de los consumidores, se venden aún en México con grasas trans), pero lo más preocupante de esto es que MUCHOS SON GOLOSINAS Y DULCES PARA NIÑOS. Sí, una buena cantidad de los dulces que se venden para las fiestas, piñatas, halloween, etc. en México los tienen. Un ejemplo de tantos es el "chocolate" (que en realidad no lo es, casi todo es artificial) Bocadín de Ricolino/Grupo Barcel, que se vende en todas las tiendas de conveniencia, supermercados y en paquetes de dulces al mayoreo. Este "chocolate" que es muy consumido por los niños y que viene en casi todas las piñatas, tiene grasas trans.

Nos parece que, más allá de la obligación moral de no facilitar ni proveer sustancias dañinas a los niños, en el estado de emergencia del sistema de salud en el que se encuentra México (altísimos índices de obesidad y enfermedades crónicas derivadas de alimentación y estilo de vida) es una obscenidad que no se regulen los ingredientes en alimentos consumidos por niños, ya que además de deteriorar su vida (la cual el gobierno tiene la responsabilidad de cuidar, evitando que las corporaciones les vendan comida perjudicial), esto contribuirá a saturar la ya rebasada capacidad de atención médica de calidad a la población más susceptible. El gobierno mismo debería de normar y regular preventivamente todo aquello que represente un riesgo de insuficiencia institucional y de recursos, si cuidar la salud y la calidad de vida de las personas no es su prioridad.

En otros países la presión de los ciudadanos, al descubrir la realidad de los alimentos que se les venden, ha logrado que se reformulen alimentos procesados o que los gobiernos prohíban el empleo de ciertos ingredientes en la industria alimenticia, MÁS SI SON PRODUCTOS CONSUMIDOS POR NIÑOS. Nuestros hijos tienen el derecho de recibir comida sana y que promueva su óptimo desarrollo, no que asegure la aparición de una enfermedad a corto o mediano plazo. Creo que todos coincidimos en que mientras sea nuestra responsabilidad alimentarlos, debemos procurar darles la mejor calidad y las mejores opciones para asegurar un mejor futuro. Pero ¿cómo hacerlo si no somos informados de los riesgos de la comida que se permite que compremos?

Por ello, te quiero solicitar dos cosas:

  1. Cuando hagas una fiesta para tus hijos, lee las etiquetas de los dulces que compras y revisa que tengan la menor cantidad de químicos posibles (que será muy difícil), pero sobre todo que NO tengan grasas trans, y si los tienen no los compres. Si no hay demanda, los fabricantes tendrán que reformular el producto por disminución en ventas (como ha pasado con muchos otros ya).
  2. Firma esta petición a la COFEPRIS para que regule y prohíba la inclusión de grasas trans en los alimentos, ESPECIALMENTE EN AQUELLOS CONSUMIDOS POR NIÑOS, o que al menos lo etiqueten al frente, en letra grande y visible al igual que se hace con los cigarros hoy en día, por ejemplo.

La presión y exigencia de nosotros como consumidores sí puede hacer la diferencia. Pensemos en la salud y en el futuro de nuestros chiquitos, ya que fabricantes y corporaciones no lo harán, su objetivo es sólo incrementar las ventas para generar más ingresos.  Juntos, podemos lograr al menos que se etiqueten verazmente los alimentos que o golosinas que compramos para que, al menos, si decidimos compralos sea una decisión informada.



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