Por el cierre responsable, progresivo y sin dilaciones del Zoo de Córdoba, Argentina

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Elevo a la consideración de ese Honorable Concejo Deliberante, en mi nombre y en el de Cordobeses contra el Zoo, acompañado por la voluntad de las personas que firman al pie de la presente, la solicitud de cancelación de la concesión del Zoológico Municipal de la ciudad de Córdoba a una empresa particular así como su recuperación como espacio público, por manifiesto incumplimiento de las condiciones del contrato de concesión y la continuada sucesión de casos de maltrato animal, violatorios de la ley penal nacional 14346.

En cualquier caso, solicito que este contrato de concesión, que vence el 07/08/2019, NO sea renovado.

Solicito, además, que la recuperación del Zoo Municipal como espacio público sea asumida como el primer paso de su cierre responsable, progresivo, planificado en el tiempo y sin dilaciones, y su paulatina, y programada, transformación en paseo público, sin exhibición de animales y sin jaulas previstas para esta finalidad, en donde se cumplan fines educativos con tecnología de última generación que excluyan la utilización de animales bajo cualquier concepto.

Fundamento mi solicitud en la continuada sucesión de casos de maltrato animal observada en los últimos tiempos en dicho establecimiento y en la naturaleza obsoleta del cruel instituto, el estado de abandono de sus tenebrosas instalaciones y la nueva percepción en nuestra sociedad y en la sociedad global de que los animales son seres que sienten, y por eso, son sujetos de derechos que se derivan, por su vez, del derecho natural.

Por estos motivos, y en acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos de los Animales proclamados en su oportunidad por la ONU/UNESCO, abogo por que se reconozca que todo animal tiene el derecho a una vida digna; a vivir en el hábitat que la naturaleza y la evolución de las especies una vez le han asignado, y a que su existencia esté libre de actos de tortura, crueldad o cualquier forma de maltrato.

Considero, con una parte creciente de la opinión pública local y global, que las condiciones de reclusión en un zoológico constituyen una de las peores formas de maltrato animal, y que la tenebrosa institución, como última frontera de la libertad en nuestra civilización, debe ser abolida, como otrora lo fueron la esclavitud, el estado de servidumbre, la posición subalterna y degradante de la mujer, entre otras.

Pero no solo son estas consideraciones generales y abstractas las que me llevan a solicitar el cierre progresivo del Zoo local.

Las condiciones miserables de vida de sus animales, agravadas en los últimos tiempos, se han demostrado en casos escalofriantes, como el deceso en condiciones de absoluta negligencia, de una cabra en situación de parto; la tristísima situación de los tres osos pardos; las condiciones insalubres de la reclusión de los hipopótamos, que flotan a diario en sus excrementos; las aguas servidas de sus albercas, que alimentan la laguna central; las deplorables condiciones de salud de los felinos superiores, muchos de ellos aquejados, como casi todos los animales del establecimiento, de conductas obsesivas y compulsivas propias de la situación de encierro y cuya aceptación por parte de las autoridades del zoológico representa, además de violaciones crasas de la ley 14346, una actitud éticamente reprobable por parte de biólogos y veterinarios responsables; la quejosa pesadumbre de Tango, el león africano y de ambas leonas; el lento declinar de la población de flamencos y el hecho de que se le cortan las alas, y tal vez, también, un tendón, para impedir su vuelo; la triste situación del dromedario, reducido a un espacio indigno de su especie, al igual que los búfalos de agua y los bisontes, y el resto de los animales, en su mayoría afectados por la negligencia de las autoridades del instituto, pero sobre todo porque son víctimas de una institución, como digo, que se ha sobrevivido a sí misma y que es indigna de una sociedad de seres libres.

Su eliminación será justicia, y su transformación en una institución moderna, sin exhibición de animales, acorde a nuestro siglo y a las exigencias del futuro, una necesidad.

Dr. phil. (Universität Bonn) Raúl A. Márquez Sullivan, DNI 8411822 - Cordobeses contra el Zoo - Director



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