No eliminen el Registro de Abusadores Sexuales #SíAlRegistroPorAnto 

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Para una madre nunca será fácil aceptar que su hija fue víctima de abuso sexual y menos que esto le haya ocurrido en su colegio. 

Es duro, lo sé, pero más triste sería quedarme callada y no compartir mi testimonio para que más casos como el de mi niña no se repitan. 

Hoy decidí dejar el miedo a un lado y decirle a todas las familias que están pasando por una situación similar: ¡basta ya! derrumbemos esos muros de temor por el qué dirán. Entendí que debía sanar mi corazón y salvar el de mi hija. 

La mejor terapia que podemos recibir es perdonar, pero también exigir justicia y evitar que estas cosas le sigan pasando a nuestros niños. 

El dolor, la vergüenza y la indignación que sentía se convirtieron en motivos suficientes para no sólo proteger a mi Anto, sino a miles de niños que están expuestos al abuso sexual. Me sincero con ustedes y les cuento la historia de Antonella. Ella es una guerrera que, siendo tan pequeña, me inspiró a emprender esta lucha. 

Mi Antonella es un milagro de Dios. Durante el parto yo tuve hipotonía uterina hemorrágica, ella casi muere, la reanimaron cuatro veces. Los médicos nos explicaron que muy probablemente no escucharía, no caminaría bien, o podría presentar alguna secuela de parte neuronal. Desde ese momento la cuidamos como el ser más especial que la vida nos pudo regalar. Por sus complicaciones de salud siempre ha estado en terapias, razón por la cual aprendió hablar desde el año y medio. 

Cuando cumplió dos años decidimos matricularla en una institución educativa. Sentimos que Anto estaba preparada para este momento y nosotros como padres también. Tiempo después nos dimos cuenta que mi hija se estaba comportando de manera extraña y como padres, sabíamos que algo no estaba bien. 

La pesadilla

Aunque Antonella no expresaba verbalmente algún problema, su pequeño cuerpo sí lo hacía por ella. De ser una niña segura de sí misma, pasó a temerle a muchas cosas, a la oscuridad, a las nuevas personas, perdió pelo, dejó de comer bien. Los terrores nocturnos comenzaron a ser algo del día a día. 

Días después, su miedo se materializó en un ser que en cualquier momento podía hacerle daño ella o a sus papás. Recuerdo que esa noche entre mis brazos, Anto tuvo el valor de hablar.

Con sus manitas y voz temblorosa me dijo: Peligro, monstruo muerde a mamá. 

-¿Dónde está ese monstruo?, le pregunté. 

-En el colegio, respondió con su carita aterrorizada. 

Como padres, ni en nuestras peores pesadillas nos llegamos a imaginar que todo esto era producto de uno de los horrores más grandes de los que puede ser víctima un niño, algo que sólo ves en noticieros y lees en periódicos, algo que nunca crees que vas a tener que afrontar.  

Tras rigurosas pruebas, un psicólogo nos confirmó nuestro temor: una persona aprovechando su posición de cargo y su cercanía con Antonella, quien sabe desde qué fecha la había estado tocando en sus partes íntimas, quitándole la alegría propia de su infancia a través de caricias inapropiadas. Mi niña estaba de siendo víctima del monstruoso abuso sexual.

Me preguntaba ¿por qué siendo ella tan pequeñita, tan inocente, tenía que cargar con el peso de alguien que quiso robarse su inocencia?

Un registro que nos dio alivio

Quizás si el colegio hubiese tenido un filtro más restrictivo antes de contratar a las personas que van a cuidar a nuestros hijos, esto se hubiese evitado. 

Por eso pese a que estábamos inmersos en la pesadilla de lo ocurrido con Antonella, nos sentimos en parte aliviados cuando supimos a través de los medios de comunicación de la existencia del registro de abusadores sexuales, el cual evita que todos esos delincuentes que algún día violaron a un niño, cumplan su condena, salgan y vuelvan a estar cerca a ellos. 

Sin embargo, hoy nos enteramos que dos abogados decidieron demandar la ley ante la Corte Constitucional con el objetivo de tumbarla, aduciendo que a esos delincuentes, quienes un día no les importó arrebatarle la inocencia y la vida a un niño, los protegía el derecho al buen nombre y la honra.

Por eso, revestida de valentía y con sed de justicia me decidí a contar esta historia, con la esperanza de que ningún otro niño en Colombia tenga que pasar por lo que pasó Antonella. 

Sé que venimos de una sociedad donde te dicen, no te metas, no es tu asunto, pero lo que nos pasó sí les importa a todos, porque ayer fue Antonella, mañana pueden ser tus hijos, tus sobrinos, tus primos menores. 

Con todo mi corazón le pido a la Corte Constitucional que mantenga este registro en pro de la infancia colombiana. Lo mínimo que podemos hacer por nuestros niños es garantizarles entornos seguros y que estén rodeados de personas que en verdad se hagan responsables de su cuidado y protección.

Si estás leyendo esto, ya eres parte de esta historia. Eres parte del cambio, con tu firma no sólo le estarás pidiendo a la Corte que mantenga este registro de consulta tan necesario, también estarás protegiendo a todos los niños en Colombia.

Por favor comparte esta petición con tus familiares, con tus amigos, con todos aquellos a quienes creas le importe el bienestar de los niños. En tus redes puedes utilizar el #SíAlRegistroPorAnto 

Juntos evitaremos que casos como el de mi hija no se vuelvan a repetir!