Una Pierna para Ángel

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Hola, mi nombre es Ángel y tengo 35 años:
Les voy a contar mi historia: Nací en Puerto Iguazú de Misiones, tenía pelo rubio y piel muy blanca. Fui creciendo, jugando, compartiendo actividades y escuchando música infantil junto a mis cinco hermanas.
Cuando tenia 3 años, fui a jugar y correr al campo frente a mi casa porque me gustaba jugar a las escondidas y era un niño muy travieso. En ese lugar, había mucha tranquilidad, muchos árboles hermosos y mariposas. Yo corría por el campo y de golpe, me caí en un pozo profundo con agua sucia y mucho barro. Sentía que me ahogaba y comencé a gritar. Por suerte, mi mamá me escuchó y pudo sacarme. Yo estaba muy asustado, muy sucio y lloraba mucho. Entonces mi mamá me bañó, me acostó y comencé a sentirme más tranquilo. Durante la noche, sentía que me latían los oídos y no aguantaba el dolor. En los días siguientes, mi mamá decidió llevarme al hospital de puerto Iguazú, lo cual tuvimos que hacer caminando porque quedaba muy lejos de mi casa y no había colectivos. Mi mamá le dijo al médico lo que había ocurrido y que me dolían los oídos, me los revisó y los encontró tapados de barro y suciedad. Mientras tanto, me di cuenta que no escuchaba como antes. Al regresar a mi casa parecía que toda la familia estaba muy distante, pero en realidad era yo, el que no escuchaba como antes las charlas con mis hermanas, la música y los ruidos.
Nuevamente me llevaron al hospital. Después de varios estudios, Los médicos dijeron que tenía “INFECCIÓN EN LOS OÍDOS” con ambos tímpanos comprometidos, y a raíz de ello, había sufrido “PÉRDIDA DE AUDICIÓN”. Mi familia se sintió mal, angustiada y triste pero yo no entendía la gravedad de la situación.
Pasaron tres años, mi mamá preocupada por mi educación comenzó a buscar una escuela para niños sordos ya que aún no había concurrido a ninguna. A los 9 años, pude ir por primera vez a una escuela municipal para niños sordos. Recuerdo a la primera maestra, Laura, que nos enseñaba a hacer papelitos en forma de flores. Mi paso por la escuela duró muy poco tiempo ya que, debió cerrar, por la falta de presupuesto para los docentes.
Con el tiempo, mi hermana Nilda, viajó por primera vez a capital federal (Bs As) por trabajo. Su objetivo era que concurriera a la escuela, buscó en la guía telefónica y se dio cuenta que había muchas en Capital. Luego, Nilda volvió a Pto. Iguazú muy contenta y feliz. Le cuenta a mi familia sobre la escuela, pero mis papas no se sintieron muy bien ya que decían que tenía 11 años y era muy chico para viajar. Ella continuó insistiendo para que firmen la autorización con la policía y que yo pueda viajar y vivir con mi hermana y su marido. Me dijo que el viaje era corto pero fue mentira. Luego de varias horas de viaje, Nilda me despierta y me avisa que habíamos llegado a Capital Federal. Allí todo era muy distinto, con edificios, calles, muchos autos, muchas personas y yo me sentía “FELIZ”, ya que era la primera vez que visitaba Capital Federal.
En mi inocencia pensaba que iba a vivir en un edificio de Capital, pero en realidad, íbamos a vivir en Ezeiza. Allí, me sentía un poco solo y triste porque extrañaba a mis padres. Nilda decía que lo más importante era que yo fuera a la escuela para aprender a escribir y leer. El lunes siguiente, ella me llevo a la escuela Especial N° 506 de lomas de Zamora. Cuando entre me sorprendí porque había muchos chicos hablando en Lengua de Señas, yo no sabía y no entendía nada. Aquellos alumnos y maestras me ayudaron a aprender a comunicarme y a compartir actividades.
Cuando cumplí los 21 años continué mi vida normal, me mude a Florencio Varela, vendí estampitas y bolsos en el tren de Retiro y podía recaudar dinero para vivir.
Como había dejado de estudiar, retomé mis estudios a los 26 años en la escuela N°28 Bartolomé Ayrolo en Villa Devoto para personas sordas, para terminar el estudio primario.
Luego, en el año 2013 comencé a trabajar como oficinista en el Hospital Rawson. Mientras trabajaba en el hospital, comencé con dolores en el pie derecho como calambres que venían y se iban. Siempre creí que eran porque trabajaba mucho, iba al gimnasio y saliá a correr. Nunca pensé que fuera grave. No le daba importancia y tomaba analgésicos (ibuprofeno, crema mentolado).
Dos años después, renuncié al Hospital porque no había contrato y comencé a trabajar en la Escuela Primaria N° 24 de Barracas, en el puesto de Portero. Meses después, comencé a sentir dolor de espalda, pero no hice caso porque pensé que eran por mi trabajo como portero. En junio del 2017 comencé con un dolor fuerte en la espalda, con falta de aire, vómitos, mucha tos y bajé de peso. En todas las noches de invierno me sentí con fiebre alta. Como estaba muy decaído, mi hermana Nilda vino de Misiones y me acompañó al hospital tres veces para hacerme exámenes nuevos. Por último, en el Hospital Rossi de La Plata, el médico Bertoni me diagnóstico: “TUBERCULOSIS” (enfermedad bacteriana infecciosa), me quede internado en casa y mi familia realizó un tratamiento para no contagiarse.
Al tiempo, ya recuperado, comencé con dolor de pie otra vez, pero continué trabajando. Un día no podía caminar, tenía demasiado dolor, no podía dormir, la mamá de mi pareja me acompaño varias veces al Hospital sin conseguir un diagnóstico.
Continuaba con dolor de pie y empecé con dolor en la pantorrilla. La respuesta del Hospital era ibuprofeno, calmantes, 5 ampollas de Dioxaflex y paciencia.
El dolor continuaba e iba subiendo por mi pierna que la sentía cada vez más fría, yo lloraba y no podía aguantar el dolor. La noche del 23/10/17, la familia de mi pareja decide llevarme al médico, y luego de recorrer tres hospitales, llegamos al Hospital San Martín de La Plata, en donde me atendieron enseguida y la doctora al revisarme dijo que podía ser una enfermedad llamada “TROMBOSIS ARTERIAL”. Los médicos decidieron dejarme internado para encontrar una solución rápida.
Mi pareja, se quedaba a cuidarme en el hospital. A ambos se nos hacía muy difícil entender a los médicos porque no escuchamos y los médicos no sabían lengua de señas.
A los dos días de internado, cansado de aguantar los dolores en mi pierna, solo quería recuperar mi salud. Desde misiones vino mi otra hermana Anto para cuidarme. Al momento, me ingresaron al quirófano por primera vez para poder sacar los coágulos formados en mi pierna. Luego, a pesar de la cirugía, continuaba con mucho dolor.
Esa noche nos dormimos, pero yo tenía miedo de perder mi pierna.
Me realizaron 4 cirugías más para poder salvarme la pierna.
En un momento, vinieron al hospital mi familia, mi pareja y también la doctora que nos comunicó una “mala noticia”: Otra vez me llevarían a quirófano para tratar de salvarme la pierna y si esto no sucedía, deberían amputármela. Yo me sentía muy mal, desbastado, y solo le pedí que no me doliera más porque ya no aguantaba el dolor que tenía, desde hacía mucho tiempo, y sí había que amputarme la pierna que lo hagan. Quería salvar mi vida para seguir adelante!
El 2/11/17, me llevaron al quirófano nuevamente y toda la familia se sentía muy mal y muy triste. No sabían cómo iba a salir todo. Pensaban que me iba a morir.
Después de la operación, me trajeron de la cirugía, era raro yo sentía un dolor (fantasma) que ya no tenía, me quería morir pero no quería mirarme me daba piel de gallina, “YA NO TENÍA MI PIERNA DERECHA”... Desde ese momento, recibí apoyo familiar y de muchísimos amigos que me ayudaron a levantarme con ánimo para seguir adelante.
Yo entiendo y que mucha gente dirá que me arregle con mi obra social para conseguir una prótesis o concurra al ministerio de salud, etc., etc., pero la prótesis que me ofrece la obra social no es la adecuada para mis necesidades, ya que trabajo de portero en una escuela.
Necesito una prótesis ortopédica porque si manejo las muletas, no me puedo comunicar y necesito mis manos para eso. No quiero una silla de ruedas, porque, siento que si la uso, dejo de luchar por mi vida y dependo de otros para atenderme. Necesito volver a caminar, ir al gimnasio, levantarme y caminar sin problemas, tomar un colectivo o correrlo y poder lucir bien y vestirme como a cualquier persona le gustaría hacerlo.
Me gustaría que ustedes puedan entender mi vida. Hay que saber que las obras sociales no dan prótesis funcionales articuladas y mi familia y yo, estamos haciendo lo imposible para conseguir una prótesis funcional; (mi caso, es el mismo que la joven de “una pierna para María Emilia”).
Quiero tener una buena calidad de vida y espero que me puedan comprender. Les agradecería enormemente que todos puedan compartir esta publicación y/o colaborar con una pequeña ayuda de dinero para la compra de mi prótesis.
Con la humildad, la solidaridad, el sentimiento y la bondad que nos caracteriza como seres humanos, les ruego que pongan una mano en su corazón y me ayuden en lo que puedan.



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