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Memoria histórica: Torrijos en Málaga
La historia del general José María de Torrijos es la historia del liberalismo perseguido y fusilado, cuando la palabra liberal se oponía frontalmente a la palabra absolutismo; cuando se defendía el Estado de derecho y la supremacía del hombre frente la voluntad tiránica de la monarquía.
Sucedió durante el XIX, siglo de las luces y de terribles sombras; del Romanticismo, la razón, la ciencia y la búsqueda de independencia y libertades. Siguiendo la estela de otros países como Francia o las revoluciones independentistas en Latinoamérica, Torrijos encabezó un alzamiento contra el rey Fernando VII y con el objetivo de restaurar la Constitución de 1812, la Pepa, que había sido derogada por el monarca.
Recordemos que, después de la Guerra de la Independencia (1908-1814) entre España y Reino Unido, Francia y Portugal, y exceptuando el Trienio Liberal (1820-1823) propiciado por Rafael de Riego, el país estaba se hallaba inmerso en la devastación y la política más represiva, se había producido un declive de los partidarios de la Constitución de Cádiz, se había purgado y dividido al Ejército español, y la burguesía progresista era escasa y estaba desestructurada, sin apenas poder real.
Arropado por el descontento y la indignación de muchos, por la Junta Liberal en el exilio y por su propio espíritu libertador, el general Torrijos, junto a otros 48 militares más, desembarcó en Málaga el 2 de diciembre de 1831, respondiendo a una trampa urdida por el gobernador de la ciudad, Vicente González Moreno, que le había dado alas a la insurrección haciéndose pasar por liberal. Ya en la costa malacitana, las embarcaciones de Torrijos fueron atacadas y son capturados durante la huida, en la Alquería de Alhaurín de la Torre.
Los arrestados fueron obligados a marchar a la ciudad, hacia la Plaza Real (hoy de la Constitución) donde se encontraba la Cárcel Pública Málaga y donde quedaron todos encerrados en condiciones de dramática insalubridad. A Torrijos, sin embargo, lo conducen por calle Granada hasta el cuartel de Mundo Nuevo, junto a la Plaza de la Merced, en el que permaneció durante seis días.
En ese tiempo, hubo intentos vanos por salvar la vida de Torrijos por parte de familiares y amigos. El más interesante lo protagonizó otro malagueño, José de Salamanca y Mayol, que fue estudiante en Granada, donde asistía a reuniones clandestinas de los liberales. Allí conoció a la mítica activista Mariana Pineda, de la que se enamoró y no fue correspondido. Salamanca se plantó en Madrid para visitar al Rey y pedir clemencia junto a un hermano de Torrijos. El rey se negó a las súplicas. Mariana Pineda ha sido inmortalizada como una heroína trágica y romántica gracias a Federico García Lorca y su obra de teatro homónima, representada por primera vez en 1927.
También el cónsul británico en Málaga, William Mark, se volcó en ayudar, al saber que un inglés formaba parte de la expedición insurrecta encarcelada; se trataba del joven idealista Robert Boyd, entusiasta aliado de Torrijos. El gobernador González Moreno, el mismo que había atraído con engaños a Torrijos, negó al cónsul que hubiera un británico en prisión y le impidió visitar a los detenidos. Robert Boyd, considerado un héroe romántico, fue el primero en ser enterrado tras su ejecución en el Cementerio Inglés, inaugurado ese mismo año por el cónsul.
Tras el arresto del grupo en la Cárcel Pública y el cuartel del Nuevo Mundo, los prisioneros son trasladados al convento carmelita de San Andrés o del Carmen, sito en la calle Eslava del barrio de El Perchel, junto a la Playa de San Andrés que después se conoció como El Bulto. Sobre todos ellos pesaba ya la sentencia de muerte, que se dictó el día 10 de diciembre. Desde el cuartel, los oficiales iniciaron la marcha con Torrijos por la Plaza de La Merced hacia calle Álamos y Carretería, atravesaron el río Guadalmedina y la calle Ancha del Carmen hasta el convento en El Perchel en el que se encontró con el resto de condenados. Allí pasaron todos sus últimas horas y la noche que antecedió a su fin.
Al amanecer los 49 prisioneros fueron sacados del convento y llevados a la cerca Playa de San Andrés, donde sin más dilación fueron fusilados en la mañana del 11 de diciembre. Los cadáveres fueron recogidos sin cajas por presos comunes y tirados en carros de la basura para ser llevados al Cementerio de San Miguel, donde quedaron enterrados en fosas comunes.
En 1842 tuvo lugar la exhumación de los cuerpos con el fin de ser trasladados a la Plaza de la Merced, bajo el obelisco conmemorativo que realizó el arquitecto Rafael MItjana y todavía preside la plaza. Todo el proceso fue apoyado por la corporación local.
Tras la revolución de 1868, llamada la Gloriosa, que supuso el derrocamiento de la reina Isabel II, se comenzó a señalizar el lugar de los caídos en el barrio de El Bulto con la construcción de una cruz de hierro fundido, según acordó el cabildo y su alcalde entonces, José Andrés Silva, y que quedó colocada el 11 de diciembre de ese año, coincidiendo con el aniversario. Aquí se inicia el periplo nómada de la citada cruz que, por diversos cambios en el urbanismo y los fenómenos naturales, ha ido recorriendo diferentes enclaves del barrio hasta nuestros días. La cruz nunca ha estado en el lugar exacto de los fusilamientos, sino en diferentes lugares próximos.
La cruz no solo se movía al pairo de las voluntades y los planes urbanísticos, sino que se fue quedando sola y olvidada, durante un tiempo oculta entre tabiques, entre infraviviendas marginales y al vaivén de nuevas construcciones y ahora en una mediana franqueada por el tráfico. En 1992 se fija la ruta que siguió Torrijos en Málaga, gracias al libro Torrijos de Luis Cambronero editado por Arguval. Uno de sus nuevos emplazamientos se produjo el 10 de diciembre de 1998, a escasos metros del lugar anterior, pero poco después en el 2000 ya estaba otra vez en situación de desahucio, cercada por nuevas obras del paseo marítimo.
En 1995 en Ayuntamiento de Málaga determina un homenaje anual a la libertad en memoria del general. Y en 1998 se firmó un manifiesto de intelectuales que quería reivindica la recuperación del Robert Boyd. Entre los firmantes, se encontraban los escritores Antonio Soler, Rafael Ballesteros, Félix Bayón, Francisco Ruiz Noguera y el artista Enrique Brinkmann. Asimismo se creó la Asociación Histórico Cultural Torrijos y se han sucedido los homenajes, marchas y honores en la ciudad de Málaga.
Observemos en este punto cuántos lugares, calles, monumentos, localidades y barrios de Málaga conservan huella y memoria de este acontecimiento del siglo XIX: Alhaurín de la Torre y su Alquería, la Plaza de la Constitución, la Cárcel Pública, el Cuartel de Mundo Nuevo, la Plaza de la Merced y su monolito, las calles Granada, Álamos, Carretería, Ancha del Carmen y Eslava entre otras, el Cementerio de San Miguel, la Playa de San Andrés, el barrio de El Perchel, el barrio de El Bulto y su cruz, la Plaza del General Torrijos, el Valle del Guadalhorce, el río Guadalmedina, la Iglesia y Convento del Carmen.
También cabe destacar la presencia de Torrijos en las letras y las artes, como el cuadro de Antonio Gisbert Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (1888, óleo sobre lienzo, 390 x 601 cm.), que se considera una obra maestra de las que alberga el Museo del Prado. Asimismo, los textos y poemas dedicados a su memoria por José de Espronceda, Rubén Darío, Antonio Machado, Federico García Lorca, Miguel de Unamuno o Pepe Marchena, entre otros.
Pero todo lo narrado no parece suficiente, no hay respeto ni voluntad de recuperar la memoria histórica cuando gobiernan la especulación, el dinero y frivolidad. Lo efímero se opone a lo sólido. Y así, el mismo lugar donde cayeron los héroes de la libertad y la democracia, sigue siendo hoy objeto de la codicia y la banalización mercantil. Ni las banderas de la libertad ni las cruces conmemorativas ni la historia necesaria, didáctica y formadora de espíritus libres suponen gran cosa para la ley del ladrillo
El Bulto, un barrio a escasos metros del centro histórico de Málaga, ha sido un lugar emblemático de la historia de España, tanto por los acontecimientos que allí sucedieron como por su deriva posterior a lo largo del todo el siglo XX, barrio obrero, luego marginal y otra vez acogiendo a clases trabajadoras en las últimas décadas, hasta que su céntrico enclave geográfico frente a un nuevo paseo marítimo lo ha convertido en objetivo de especulación urbanística. Una cruz nómada camina hacia su derrota a las órdenes del imperio de la especulación urbanística en Málaga, y de nada han servido los cuidados de la gente humilde y soñadora que, desde su primer emplazamiento la regaba con sangre, la limpiaba, le colocaba macetas y flores como a ese niño que miman mientras se espera su crecimiento lleno de futuro. Y como hoy mismo pretenden los vecinos.
Y por eso, la Asociación de Vecinos de El Bulto se está movilizando para impugnar esta situación y conservar la memoria histórica de su barrio, oponiéndose a seguir construyendo sobre la sangre de los caídos por la libertad.
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