Apelando a la conciencia del siglo XXI: ¡Por favor ayúdenme a repatriar a mi padre!

Por favor, ¡ayúdenme a traer a mi padre a casa!

Por este medio apelo a su conciencia. 

http://bringmyfatherhome.org/

De acuerdo con el Convenio para la Represión del Apoderamiento Ilícito de Aeronaves, toda persona que secuestre una aeronave civil debe ser extraditada o enjuiciada "sin excepción alguna" (artículo 7). Además, deberá ser castigada con "penas severas" (artículo 2). Pero el caso de mi padre se ha convertido en una "excepción". Durante 47 años, el mundo ha pasado por alto este cruel acto criminal que ha desgarrado a mi familia.

Su conciencia tiene el poder de traer a mi padre a casa y finalmente hacer justicia.

Con un sentido de profunda desesperación apelo a su compasión pidiéndoles que ¡por favor firmen nuestra petición!

El niño de la foto soy yo y el hombre que me sostiene es mi padre.

Él me quería mucho.

El 11 de diciembre de 1969, cuando yo tenía tan solo dos años, mi padre subió a un avión para ir en un viaje de negocios en lugar de su supervisor. El avión despegó a las 12:25 pm y fue inmediatamente secuestrado por un agente norcoreano y conducido hasta Corea del Norte.

Detenido en Corea del Norte en contra su voluntad, mi padre gritó:   

-¡Por favor, envíenme a casa!

"Bajo el derecho internacional, el derecho internacional consuetudinario y los principios humanitarios, ¡exijo que me envíen a casa!"

-¡Por favor, envíenme de vuelta con mi familia!

Los gritos de mi padre fueron ignorados. Los guardias norcoreanos lo arrastraron como a un animal hacia una ubicación desconocida.

El nombre de mi padre es Hwang Won (황 원), productor de TV para la MBC. Al momento del secuestro tenía 32 años.

Debido a las fuertes críticas de la comunidad internacional, el 4 de febrero de 1970 el gobierno de Corea del Norte se comprometió a devolver a las 50 personas que iban a bordo del vuelo (46 pasajeros y 4 tripulantes). Sin embargo, el 14 de febrero de 1970 Corea del Norte rompió su promesa al repatriar a sólo 39 de las 50 personas secuestradas.

Gracias a los testimonios proporcionados por las 39 personas repatriadas, la verdad detrás del secuestro del vuelo de Korean Airlines pronto salió a la luz.

Fiel a sus convicciones, a sus 32 años de edad mi padre creía firmemente que sería enviado a casa gracias a las normas del derecho internacional, el derecho internacional consuetudinario y los principios humanitarios. Testigos afirmaron que se resistió fuertemente a sus captores durante una sesión de reeducación, refutando las ideologías comunistas una por una. Debido a esto afirman que fue duramente castigado.

El 1ro de enero de 1970, con motivo de exigir su repatriación, mi padre comenzó a cantar "Go-Go-Pa" ("Quiero volver a casa"), una canción surcoreana. A raíz de esto fue trasladado salvajemente a un lugar desconocido.

Después de ese día nadie volvió a ver a mi padre.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) insistió firmemente a Corea del Norte que repatriara a las 11 personas restantes. Sin embargo, el gobierno norcoreano declaró que estas personas habían decidido quedarse “por voluntad propia.”

En respuesta a estas falsas declaraciones, el CICR propuso confirmar la voluntad de estas personas de permanecer en el país a través de un tercer país que actuaría como tercera parte. Corea del Norte rechazó esta propuesta.

El secuestro de una aeronave civil y la retención involuntaria de personas es un delito grave de acuerdo con el derecho internacional. La resolución A17-8 (1970) de la diecisieteava sesión (extraordinaria) de la Asamblea General de la OACI (Organización de Aviación Civil) exigió que se permitiera urgentemente a “todos los aviones capturados ilegalmente, a todos los tripulantes de vuelo y a todos los pasajeros continuar su viaje tan pronto como sea posible.”

El 9 de septiembre de 1970 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 286 la cual, teniendo en cuenta a todas las partes interesadas, solicita la liberación inmediata de todos los pasajeros y la tripulación que hayan sido detenidos por secuestro aéreo o interferencia con el transporte aéreo civil.

Ese mismo año, en la 25ª sesión de la Asamblea general de la ONU se aprobó la Resolución 2645 XXV (Secuestro Aéreo o Interferencia con el Transporte Aéreo Civil) la cual condena la incautación ilegal de aviones civiles.

Sin embargo, hasta el día de la fecha, mi padre y los demás pasajeros siguen prisioneros en Corea del Norte convirtiéndose en una “excepción.”

En el 2001, cuando tenía 34 años, vi por televisión la tercera reunión de las familias que han quedado separadas. La señora Gyung-hee Sung, una de las asistentes de vuelo, aparecía feliz reencontrándose con su madre. En ese momento supe que yo también tenía que reencontrarme con mi padre.

De repente mi garganta se secó. Volví a pensar en la ausencia de mi padre durante toda mi vida. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Miré a mi pequeña hija de dos años sonriendo y tomando su biberón y pensé en lo difícil que debe ser para mi padre vivir separado de sus hijos.

Experimenté un nuevo tipo de dolor, no de un hijo que perdió a su padre, sino el de un padre separado por la fuerza de sus hijos. Ese tipo de dolor es insoportable.

Habiendo decidido "reencontrarme con mi padre", comencé a buscar documentos y otros materiales que datan del secuestro de mi padre.

Pronto me encontré con la enorme barrera del tiempo y con el insensible desprecio de la gente por mis derechos como ser humano. “El secuestro ocurrió en 1969, es algo del pasado. No tiene nada que ver con el presente.” “Ésta es una situación extremadamente compleja de política internacional. ¿Qué espera obtener con todo esto?”, fueron algunos de los comentarios que recibí de la gente a mi alrededor.

Me niego a aceptar sus comentarios. El proceso humanitario destinado a traer a mi padre a casa sigue en curso. Él todavía no ha regresado. Aún no me he reencontrado con él y Corea del Norte se niega a confirmar si sigue con vida. ¿Cómo puede alguien llamar al caso de mi padre "una cosa del pasado"?

A medida que me convencía de que no existía razón alguna para que mi padre fuera retenido en contra su voluntad, el silencio ensordecedor de la sociedad surcoreana empujó a mí y a mi familia a la desesperación.

Por el bien de mi esposa e hijos tenía que tomar una decisión. O abandonaba la idea de rescatar a mi padre o seguía luchando. Al final, no pude darme por vencido.

Si renunciaba a mi padre para no complicar más las cosas, estaría aceptando que él es "una cosa del pasado". Me convertiría entonces en coautor.

Estaba seguro, además, que no estaría luchando solo para siempre. Algún día más gente tomaría conciencia y me ayudaría. Esta esperanza me mantuvo en marcha.

Cuando comencé a luchar para traer a mi padre a casa tenía 34 años. Ahora tengo 50 y mi hija de 2 años ha cumplido 18.

Hoy, 16 años después, he llegado a la conclusión que el regreso de mi padre no depende de la buena voluntad de Corea del Norte. La clave está en que la comunidad internacional alze su voz, que exija que Corea del Norte cumpla la "Convención para la Represión del Apoderamiento Ilícito de Aeronaves" y otros tratados universales de derechos humanos a los cuales se ha adherido.

Es por eso que recurro a ustedes, la conciencia de la humanidad.

Por favor piense en mi padre y en mí. Como todos los seres humanos merecemos vivir y disfrutar de nuestros derechos.

Con el fin de exigir respeto por los derechos humanos universales les ruego que se unan a nosotros para reclamar la aplicación de la resolución de la OACI de 1970, la Resolución 286 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el "Convenio para la Represión del Apoderamiento Ilícito de Aeronaves"

Ayúdenos a asegurar que mi familia no se convierta en una "excepción".

Apelo a la conciencia del siglo XXI: ¡Por favor, ponte en acción y ayúdanos a repatriar a mi padre!

#BringMyFatherHome

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