Devuelvan el Kiosco de Teloloapan, a la tradición insurgente de los Históricos Diablos

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La tradición de los Históricos fiablos de Teloloapan, que tiene su origen en la Insurgencia, es algo que nos identifica como Teloloapenses y con Mexicanos. Es un tatuaje espiritual que nos hace enriquecer nuestra cultura y raíces, para regocijarnos en  nuestro presente.

Hasta hace algunos años, se había otorgado un espacio en el Zócalo de Teloloapan, destinado para exponer máscaras que datan del año 1830, hasta las mascaras magistrales realizadas por el artesano Fidel de la Puente Basándose, quién había prestado y donado fotografías, máscaras, cueras y material de guerra utilizado durante la insurgencia, cómo único legado Cultural, que nos ha proyectado a nivel internacional.

Tristemente el Gobierno Municipal de Teloloapan, de forma arbitraria retiró el espacio, y suspendió el permiso para dar continuidad a la exposición y difusión de muestra cultura local. Lo cual consideramos es un retroceso para el crecimiento cultural y la adquisición de conocimiento de las nuevas generaciones, en materia de historia.

Agregamos un breve reseña del origen de los Históricos Diablos de Teloloapan:


A 200 años de la victoria perpetuada por los históricos DIABLOS DE TELOLOAPAN, es importante mencionar una breve reseña de su papel como ejército insurgente, eje de la lucha de Independencia en esta región: Comandados por el General Pedro Ascencio de Alquisiras, los Diablos de Teloloapan, fueron hombres campesinos y obreros, que no tomaron las armas; sólo tomaron la máscara de madera, un vestido de cuero, y un chicote de ixtle. Y sin nada más que la esperanza de tener condiciones de equidad, hartos de la injusticia, eligieron valientemente ser los guardianes en la guerra de Independencia y salvaguardar a la Insurgencia, que en aquellos años, se contaba como toda la población que viviera opresión, hambre o vulneración del derecho de haber nacido humano. Armados de valor y esperanza de sus esposas, hijos, padres, abuelos, estos grandes luchadores sociales, hasta ahora, la gran mayoría anónimos, lograron liberar a su pueblo, del régimen realista. “En una ocasión en que Pedro Ascencio decidió tomar para el ejército insurgente la población de Teloloapan, resultó emboscado y sitiadas sus tropas por parte de los realistas. Un cerco de soldados impedía salir a rebeldes y población aunque fuera por alimento. Entonces, inspirado en el disfraz de diablo de José Atanasio, se le ocurrió a Ascencio vestir a su tropa con trajes similares. Las mujeres del pueblo, libres de la sospecha de los realistas, proporcionaron la madera de colorín para tallar las máscaras y corrieron el rumor de que el demonio rondaba Teloloapan. Muchos realistas lo creyeron. Así, una noche, la aparición repentina de los diablos distribuidos por el pueblo sorprendió y asustó a los guardias enemigos, quienes cayeron bajo las balas de los insurgentes y éstos pudieron romper el cerco. Después de celebrar el triunfo en la plaza de Teloloapan, los “diablos” regalaron sus máscaras a los jóvenes del pueblo, quienes cada año recordaron el acontecimiento de la culminación de la Independencia de México. (México desconocido)" Hoy, 200 años después de su primera aparición, también celebramos los 50 años de la trayectoria del diablo y artesano "Del Diablo Mayor", el Señor Fidel de la Puente Basabe, a mi juicio, quizá la persona más persistente, que se ha resistido al tiempo; que ha resistido dos siglos y con ello, la inminente adaptación tecnológica, dejando muy rezagado, aquel glorioso recuerdo. Quizá esta podría ser una historia de nacimiento, o de agonía, es menester analizar la perspectiva que a continuación les presento: Era una noche de lluvia, Teloloapan no era como lo conocemos, más bien, las calles eran empedradas, olía a tierra mojada, y algunas casas de los realistas resaltaban en derredor del Zócalo. Dentro de ellas platos bien servidos de pavo y frutas; queso en abundancia, vino fino y pan con levadura, todo en loza de Europa, de esa que traen en barcos de Veracruz. La servidumbre servía todo a prisa y a la vez cuidado, los señores realistas no toleraban errores. La servidumbre: pies descalzos, con callos y tierra. Tierra de muchos años de sufrimientos, grietas en los talones, que si hablaran, dirían que llevan muchas navidades deseando probar algo de esa mesa; pero están condenados a oler el exquisito aroma del plato del amo. También huelen la sangre de los latigazos por desobedecer, huelen la injusticia del analfabetismo y la explotación... Huelen la tristeza de haber nacido pobres, indígenas, insurgentes! La servidumbre no tiene derechos, ellos no irán a aprender letras, se quedarán bestias, porque así nacieron, y ese es el destino que sus amos inculcaron y el que por la eternidad debían seguir... Ellos tienen hijos destinados a perpetuar las cadenas: vivir a orillas del amo, escondidos en un rincón, deseando que su piel morena, algún día tenga nombre, apellido y un espacio. Ellos comen lo que el campo provee, pero sólo lo que queda, sólo lo que el amo desprecia. Hasta que esa gran noche, un hombre esclavo del cuerpo, pero libre del corazón, azotó el chicote de ixtle! Bufó y gritó en nombre de todos los esclavos de Teloloapan. Un hombre cansando de la injusticia, organizó, luchó, y liberó a esa servidumbre, los elevó a hombres y mujeres libres: hijos de sus hijos libres! Forjó lo que somos hoy. Ese hombre fue, el gran Pedro Ascencio, la leyenda de los Diablos. Y si está historia le parece interesante leerla, imagine la emoción de vivirla! La infancia de los nacidos en los 70's, 80's y 90's, no podría ser más representada, que por el hecho de esperar que llegara septiembre: un chicote de ixtle, una piola, una cuera, y una máscara, la mejor de todas! Cerca de las 4 de la tarde, era el momento de partir al zócalo; con el chicote enredado al hombro, esperando encontrar un diablo, que quisiera hacer un duelo. Reunir una bolita de amigos, y demostrar quién es el más diestro en las artes de 'tronar el chicote'. He andado por todo México, y no conozco a nadie fuera de esta ciudad, con la peculiar calidad de “tronar el chicote” como balas. Esta historia es de nacimiento a nuestras tradiciones. Mi abuela venia de acachautla, hace 50 años, venía a vender dos cargas de leña, atraído por esta fiesta de colores y alegría... mi abuelo ya murió, y antes de hacerlo reflexiono, que cada día hay menos diablos, cada día la fiesta agoniza… estamos ante un periodo de transición social muy importante. Y por qué no el más grande de la historia del país. Tecnología, corrupción, colonización anglosajona, carencia de valores y distractores nos invaden. Ahí radica la importancia de trasmitir nuestro legado, que es el origen de nuestra libertad. Sin embargo, si usted querido lector, desea al igual que don Fidel de la puente, rescatar y ser parte de esta historia, que en cada mascara, en cada chicote, nos cuenta la leyenda de un hombre libre: le invito a continuar, a preservar y a SENTIRSE ORGULLOSO de ser Teloloapan.
Fidel Delapuente, el diablo mayor, no recibe apoyo económico o en especie de tipo gubernamental. El legado cultural que representa y que pretende inculcar por medio de la creación del centro cultural, es con recursos propios y a través de donaciones civiles. Si usted desea contribuir económicamente o en especie, al centro cultural, sea bienvenido y correspondido a nombre de nuestra cultura. Pero  si usted desea tallar, pintar, usar una máscara y conocer más de nuestras raíces, para transmitir este legado: sea usted bienvenido en nuestro corazón, a nombre de pedro Ascencio de alquisiras,quien pidió que su leyenda fuera perpetua. Celebramos estos 200 años de tradición, sintiendo el orgullo de ser teloloapenses.

¡celebremos, siendo Históricos Diablos de Teloloapan¡

 AYUDENOS DIFUNDIENDO ESTA PETICIÓN, PARA EL RESCATE A BENEFICIO DE NUESTRA CULTURA TELOLOPENSE