CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DEL ALCÁZAR DE GUADALAJARA

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Desde sus orígenes, el Alcázar Real de Guadalajara fue concebido inicialmente como una fortaleza militar, aprovechando la defensa natural que proporcionaba el barranco del Alamín. El edificio fue recibiendo sucesivas remodelaciones y usos (palacio, real fábrica, colegio de huérfanos, cuartel…), hasta que en 1936 fue bombardeado y quedó calcinado. Permaneció en total abandono hasta 1988, cuando se realizan las primeras excavaciones arqueológicas.

Tras llevar toda la vida viendo como se va deteriorando un espacio imprescindible para entender la historia de nuestra ciudad, y tras casi quince años sin realizar ningún tipo de intervención, parecía una buena noticia la inversión de cerca de un millón euros por parte del Ministerio de Fomento a través de 1,5 % Cultural.  Pero las alegrías relacionadas con el patrimonio parecen abocadas a durar poco en Guadalajara. Porque, aunque los detalles que se han dado desde el Ayuntamiento al anunciar las obras han sido escasos, tras consultar el proyecto, hemos descubierto que no se pretende realizar ningún tipo de intervención dentro del Alcázar, ni tan siquiera en sus muros.

El proyecto se centra en añadir un conjunto de rampas y muros de hormigón junto al edificio para crear un acceso peatonal entre el parque fluvial del barranco y la travesía de Madrid. La construcción de dichas rampas y desproporcionados muros se justifica para asegurar la estabilidad del edificio, pero lo cierto es que supone levantar una serie de muros de hormigón con alturas de más de siete metros y medio, desechando otras soluciones que serían mucho menos costosas y cuyo impacto visual y medioambiental sería mucho menor. El conjunto de rampas y muros de hormigón que se pretende adosar al Alcázar es una actuación altamente agresiva en el entorno protegido del edificio que, además de alejarse del objeto perseguido, alteraría los valores arquitectónicos, visuales y paisajísticos de este Bien de Interés Cultural y su entorno.

El proyecto, además de desviar prácticamente la totalidad de la inversión a una actuación de mero ámbito urbanístico ajena al propio edificio y que claramente queda fuera del objetivo de las ayudas del 1,5% Cultural, supondrá una alteración irreparable del entorno del Alcázar. Una nueva oportunidad perdida para el patrimonio de Guadalajara, ya que frente al mantenimiento e investigación del edificio se prioriza la comunicación de calle Madrid y el parque, suponiendo la apertura de estos accesos un riesgo para la seguridad de las personas al no rehabilitarse primero los muros. 

Por ello, pedimos al Alcalde de Guadalajara, Alberto Rojo, y a todo el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Guadalajara la  revisión y modificación del proyecto antes de proceder con la contratación de las obras:  eliminando el conjunto de rampas y muros de hormigón y llevando a cabo para el recalce de la ladera una actuación más acorde a los criterios arqueológicos y estéticamente menos agresiva, centrando la inversión en los necesarios trabajos de conservación, restauración y estudio que el Alcázar, y nuestra ciudad, lleva tantos años esperando.