Recuperar la política

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 El impresionante resultado del plebiscito del 25 de octubre abrió el camino para resolver la crisis develada en el estallido social por vías democráticas. Por primera vez Chile se dará una Constitución mediante una Convención paritaria e íntegramente electa abriendo paso a otra era de nuestra vida republicana. Es un momento excepcional para recrear una nueva y mejor democracia enraizada en la sociedad chilena de hoy y capaz de canalizar los cambios que esta anhela.

Este proceso es también una oportunidad para superar la fractura que se ha producido entre la ciudadanía, las instituciones y la política. Sin embargo, la condición que exhiben las fuerzas progresistas al iniciarse este proceso es preocupante. Fragmentadas en distintas formaciones, no han sido capaces de validarse ante la ciudadanía, levantar propuestas comunes ni acuerdos electorales. Ha faltado una autocrítica honesta, que asuma un balance de los logros y los errores de las últimas décadas, especialmente en el caso de las fuerzas que encabezaron múltiples gobiernos. Si no hay una inflexión, se corre el riesgo de profundizar el alejamiento ciudadano de la política e impedir que en el proceso constituyente y en las múltiples elecciones que se avecinan se exprese esa mayoría ciudadana que quiere cambios.

Este no es un destino inevitable. Todo lo contrario. Existen condiciones para generar un ciclo virtuoso de transformaciones que nos lleven a superar las fracturas sociales y las desigualdades que ahogan a nuestro país, y nos permitan ser una sociedad más justa y libre. Para ello se debe revertir la desconexión con la ciudadanía y la fragmentación que hoy impera en la oposición para reemplazarla por un proceso de doble convergencia: con la sociedad y entre las fuerzas políticas del sector. Hacerlo no implica forzar la creación de una coalición única ni renunciar a las identidades de cada referente, pero sí instalar una lógica colaborativa y generosa, que priorice los objetivos comunes, no el mero testimonio, y evite así que los sectores reacios a los cambios queden sobrerrepresentados en el proceso constituyente y en la elección de nuevas autoridades.

Es preciso y urgente rectificar. El frustrado intento unitario a propósito de la elección de gobernaciones regionales debe ser superado con esfuerzos más maduros y realistas. No es aceptable repetir los mismos errores en el proceso constituyente y en las demás definiciones que traerá el 2021. El primer paso es entender que la unidad se debe construir abriéndole espacio a los nuevos liderazgos que están surgiendo en la sociedad. El segundo es reconocer la pluralidad de oposiciones que existen y construir entendimientos que respeten esa diversidad. La unidad con uniformidad no es posible ni deseable.

Este es el momento de hacer una inflexión y demostrar que las fuerzas del progresismo han escuchado. Proponemos que ello se traduzca en cuatro decisiones fundamentales para lo que viene el 2021:

1. Acordar mínimos comunes programáticos entre las diversas expresiones de oposición.

2. Definir un esquema unitario abierto a candidaturas independientes para la elección de la Convención Constituyente.

3. Establecer desde ya un acuerdo de segunda vuelta presidencial de toda la oposición.

4. Convenir entre las fuerzas progresistas que no han definido candidaturas presidenciales una primaria múltiple, abierta a militantes e independientes que se reconozcan en el sector, permitiendo que puedan participar varios liderazgos de un mismo partido.

1. Acordar mínimos comunes programáticos entre las diversas expresiones de oposición.

Tenemos la convicción de que, a partir de los siguientes puntos, es posible acordar mínimos comunes suficientes para cimentar un pacto social de solidaridad entre las chilenas y chilenos de hoy, y con los de mañana: 

a. Establecer la adhesión inquebrantable a la democracia y los derechos humanos como la base de este acuerdo.

b. Actualizar las instituciones democráticas conjugando una democracia representativa modernizada con diversas formas de democracia participativa.

c. Transformar en ciudadanas y ciudadanos titulares de derechos, de vocación universal, a quienes hoy son tratados como simples consumidores. Derechos básicos como salud, educación, seguridad social, vivienda adecuada y movilidad sostenible deben ser la base de la nueva convivencia de Chile.

d. Reformar las policías y las políticas de seguridad para ponerlas en consonancia con las exigencias de una sociedad democrática que deje atrás la violencia, respete los derechos humanos, enfatice la prevención y la reinserción social garantizando así el derecho a vivir en paz y sin miedo.

e. Asumir el enfoque de género como un eje transversal, instalando una vocación feminista en todas las políticas.

f. Reconocer el derecho de las personas a construir libremente sus diversos proyectos de vida y a formar sus familias independientemente de su orientación sexual e identidad de género.

g. Reconocer el trabajo no remunerado de cuidado y reproducción como una actividad esencial para la sociedad, que debe ser valorada, compensada y distribuida en forma justa.

h. Lograr un pacto de respeto y reconocimiento a las naciones originarias, que valore sus culturas, asegure su representación política y permita modalidades de autogobierno en el marco de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

i. Comprometer al Estado y a la sociedad chilena en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

j. Mirar de frente los gigantescos cambios de nuestra época, desde el calentamiento global a los cambios tecnológicos, para transformarlos en oportunidades de desarrollo sostenible y justo.

k. Avanzar hacia un modelo de desarrollo distinto que supere el trabajo precario, el deterioro ambiental, el extractivismo y el paradigma imperante de producción y consumo, para adoptar una visión de desarrollo basado en la convergencia armónica entre bienestar económico, social y ambiental, que implique un uso y cuidado de los recursos naturales centrado en el bien común.

l. Dejar atrás la idea de un Estado subsidiario para abrir paso a un Estado solidario, moderno y participativo, promotor del desarrollo justo y sostenible, dotado de una visión estratégica y articulador de esfuerzos públicos y privados.

m. Establecer un nuevo pacto fiscal que logre una recaudación más alta y progresiva, equivalente a la de países que aseguran derechos sociales y bienes públicos de calidad.

n. Asumir la equidad territorial como prioridad, traspasando poder a los territorios y las comunidades, permitiendo que las regiones y comunas tengan incidencia en las políticas públicas y proyectos que les afectan. Ello representa un desafío de descentralización del Estado y también un fortalecimiento de las instancias de participación ciudadana.

o. Hacer de las ciudades y los barrios una escala vital del desarrollo sostenible, transformándolos en lugares pensados para las personas, la calidad de vida y la equidad.

p. Practicar una política internacional que promueva la paz, la cooperación internacional, la adhesión al multilateralismo y el no alineamiento activo.

q. Instalar la cultura y la ciencia en el corazón de nuestra sociedad, abrazar la diversidad y multiculturalidad y reconocer a la migración como un aporte que enriquece a Chile.

Sobre la base de estos contenidos, que son ampliamente compartidos en todas las fuerzas de oposición, es posible avanzar en acuerdos políticos y electorales que promuevan estas ideas ante la ciudadanía.

2. Definir un esquema unitario abierto a candidaturas independientes para la elección de la Convención Constituyente.

En todo el mundo las fuerzas progresistas, desde el centro hasta las izquierdas, están desafiadas y muchas definiciones relevantes para el futuro que escapan de los ejes tradicionales de la política. En Chile la necesidad de renovación del sistema político es particularmente apremiante. Partidos históricos y fuerzas emergentes requieren de altas dosis de lucidez para abordar la complejidad del tiempo presente y de humildad para asumir que las verdades de cada cual son siempre incompletas y sujetas a revisión.

El proceso constituyente es una instancia excepcional para recuperar el papel de la política, relegitimando nuestras instituciones y partidos como instrumentos eficaces para canalizar las demandas de la sociedad. Tendremos que abordar estas tareas en un contexto de confianzas quebradas y de distanciamiento ciudadano y la única forma de tener éxito es actuando con generosidad.

Somos firmes defensores de un sistema político con partidos fuertes. Sin ello, la democracia no puede funcionar correctamente. Pensamos, sin embargo, que el camino para llegar a tener partidos de esas características es permitiendo que el proceso constitucional no sea monopolizado por éstos sino por una expresión amplia y rica de la diversidad de esta sociedad.

A la vez, sabemos que la falta de unidad es un camino seguro al fracaso. En contraste, a pesar de la desastrosa gestión de su gobierno, los sectores más conservadores se aprestan a enfrentar articulados las elecciones por venir y perfilan posibilidades de éxito en la contienda constituyente y presidencial. Ello significaría una derrota imperdonable.

Por todo lo anterior, proponemos que las oposiciones converjamos en un esquema unitario para la Convención Constituyente. Ello se debiera traducir en una lista común que agrupe a las diversas expresiones políticas pero que a la vez abra un amplio espacio a personas y movimientos de la sociedad civil que se reconocen en el sector, que tengan compromiso con los ideales progresistas y con el mandato de cambio que ha planteado la ciudadanía. La aprobación en el Congreso de la posibilidad de pactos entre listas de partidos y de independientes sería fundamental para este propósito. Las listas se formarían considerando más de la mitad de los espacios para líderes de la sociedad civil, los movimientos sociales y la cultura, así como expertos y académicos. Si no se logra acordar una lista única, lo mínimo es asegurar que se coordinen dos listas que trabajen en forma colaborativa y complementaria, garantizando una mayoría de cupos para representantes de la sociedad civil.

Esta fórmula trasmitiría una clara voluntad unitaria, permitiría la expresión de la amplia diversidad ciudadana que quiere aportar a este proceso y aseguraría un contundente triunfo electoral en la Convención Constituyente.

3. Establecer desde ya un acuerdo de segunda vuelta presidencial entre toda la oposición

Al esfuerzo de convergencia respecto la elección de convencionales constituyentes deberán sumarse otros equivalentes para las demás elecciones que vienen (municipales, regionales y parlamentarias) junto a una estrategia inteligente para enfrentar con sentido unitario la definición presidencial.

La elección presidencial será un factor que influirá en todos los demás hitos democráticos del año que viene. El futuro gobierno tendrá la enorme tarea de levantar el país de las consecuencias sociales y económicas del COVID y deberá avanzar en las reformas sociales tan esperadas por la ciudadanía, especialmente en materia previsional y de salud. Además, tendrá que acompañar el proceso constituyente y dar los primeros pasos en la instalación de la Nueva Constitución. La construcción de una alternativa mayoritaria para ganar esa elección necesita asumir nuestras diferencias. Reconocerlas es el primer paso para entendimientos reales. Los sectores comprometidos con los cambios seremos una opción coherente para encabezar ese gobierno si logramos tres condiciones básicas: 1) establecer un marco de mínimos comunes en la línea de lo planteado más arriba, 2) definir en forma transparente las candidaturas presidenciales de los diversos referentes de oposición y 3) acordar caminos realistas para converger desde esa diversidad al menos en la segunda vuelta. 

Ello implica que la competencia de primera vuelta se haga en términos que no imposibiliten la convergencia posterior, asumiendo que se entregará apoyo a la candidatura que obtenga mejor resultado sobre la base del programa de mínimos comunes previamente acordado.

4. Convenir entre las fuerzas progresistas que no han definido candidaturas presidenciales una primaria múltiple, abierta a militantes e independientes que se reconozcan en el sector, permitiendo que puedan participar varios liderazgos de un mismo partido.

Entre las fuerzas de oposición hay conglomerados de izquierda que han avanzado en prefigurar sus abanderados o abanderadas, cosa que aún no sucede en otros sectores de la centro izquierda. Este espacio social y político tiene la responsabilidad de levantarse como alternativa y hacerse cargo del distanciamiento de la ciudadanía con sus partidos. La ausencia de candidaturas presidenciales indiscutidas como las que existieron en el pasado es una dificultad, pero también una oportunidad. Obliga a sustituir el carisma personal por la construcción colectiva de una alternativa. A la postre es un diseño más sólido que aquél que sólo descansa en virtudes individuales.

Proponemos que aquellos sectores de la centro izquierda que aún no han definido sus candidaturas presidenciales, se coordinen y hagan del proceso presidencial un camino inédito para renovar su proyecto y conectarlo profundamente con la sociedad. Planteamos realizar una primaria amplia donde puedan postular todas las personas que, compartiendo los principios de este sector, cumplan ciertos requisitos básicos como una cantidad de firmas. Eso habilitará que pueda existir más de una candidatura de cada partido junto a líderes que provienen de la sociedad civil, la academia, la cultura, los pueblos indígenas, los feminismos y las regiones. Una primaria que sea más que una selección de candidaturas y se transforme en una plataforma para escuchar a la sociedad, conversar y rectificar. Instamos a los partidos políticos de este pacto a renunciar a su protagonismo en este proceso y apostar, en cambio, a servir de soporte al florecimiento de liderazgos diversos, de sus filas y de afuera, en un debate de ideas de cara a la ciudadanía, renovando los contenidos, asumiendo la autocrítica y, especialmente, dibujando el futuro.

En lugar de priorizar los procesos internos que sacarán prematuramente de la carrera a las alternativas diversas que hay en cada partido, proponemos dejar que todos esos liderazgos se desplieguen y compitan junto a otras opciones del mundo independiente en un itinerario que parta lo antes posible con la inscripción de candidaturas. Las múltiples opciones presidenciales que participarán de este proceso irán convergiendo paulatinamente en torno a quienes logren un mayor apoyo, entregándoles su respaldo, traspasándoles sus propuestas y redes de trabajo. Así iremos sumando diversidad y fuerza alrededor de las postulaciones con mayores opciones, entre las cuales elegiremos nuestra candidatura presidencial mediante el voto ciudadano en una primaria a realizarse con posterioridad a las elecciones de abril.

Con un proceso de este tipo y con los liderazgos que surjan de él, se levantará una opción presidencial nutrida de la fuerza y la diversidad de la sociedad chilena. Desde allí, y sobre la base de mínimos comunes acordados con el resto de la oposición, podremos buscar el entendimiento más amplio con las otras fuerzas y formar una mayoría que le ofrezca al país un mejor camino de futuro.

Los desafíos son enormes, pero la centroizquierda chilena ha mostrado en momentos claves de la historia que es capaz de levantarse y hacer cosas extraordinarias al servicio del país y de la democracia. Éste debe ser uno de esos momentos. 

FIRMAN:

1. Alejandra Arratia, Directora Ejecutiva de Educación 2020
2. Jorge Baradit, Escritor
3. Natalia Castillo, Diputada de la República
4. Claudio Castro, Alcalde de Renca
5. Luz Croxatto, actriz, guionista y dirigenta Chileguionistas AG
6. Lucía Dammert, académica e investigadora Universidad de Santiago
7. Adriana Delpiano, Presidenta Fundación Educación y Ciudadanía, ex ministra de Educación
8. Francisco Javier Díaz, abogado laboralista y ex Subsecretario del Trabajo
9. Paulina Elissetche, ex Concejala por Talca
10. Gerardo Espíndola, Alcalde de Arica
11. Pamela Figueroa, académica USACH e integrante de la Comisión Técnica Constituyente
12. Iván Flores, Diputado de la República y ex Presidente de la Cámara de Diputados
13. Carolina Garrido, Presidenta de la Asociación Chilena de Ciencia Política, integrante de la Red de Politólogas
14. María José Guerrero, fundadora del Observatorio contra el Acoso Chile, OCAC, e investigadora de la University of Essex
15. Constanza Jorquera, experta en relaciones internacionales, académica Universidad de Santiago
16. Yuc Ramón Kong, médico emergenciólogo Hospital Clínico Univeridad de Chile
17. Carolina Leitao, Alcaldesa de Peñalolén
18. Elisa Loncón Antileo, académica Universidad de Santiago, especialista en educación intercultural bilingüe
19. Salvador Millaleo, profesor Escuela de Derecho U. Chile, Consejero del Instituto Nacional de Derechos Humanos
20. Davor Mimica, consultor en integridad corporativa y analista político
21. Vlado Mirosevic, Diputado de la República
22. Manuel Monsalve, Diputado de la República
23. Carlos Montes, Senador de la República
24. Juan Moreno, presidente Sindicato Interempresa Líder Wallmart (SIL)
25. Leonardo Moreno, asesor de políticas públicas de la Fundación para la Superación de la Pobreza
26. Adriana Muñoz, Senadora y Presidenta del Senado de la República
27. Ruth Olate, ex Presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular (Sintracap)
28. Carlos Ominami, Director Fundación Chile 21 y ex Senador
29. Víctor Osorio, Director Ejecutivo Fundación Progresa y ex ministro de Bienes Nacionales
30. Jaime Parada, Concejal por Providencia
31. José Pérez, Presidente ANEF
32. Claudia Pizarro, Alcaldesa de La Pintana
33. Valentina Quiroga, fundadora de Educación 2020 y ex subsecretaria de Educación
34. Patricia Rivadeneira, actriz
35. María Antonieta Saa, Consejera Regional RM
36. Paulina Saball, consultora en materias urbanas, ex Ministra de Vivienda y Urbanismo
37. Javier Sajuria, académico en Queen Mary University of London
38. Pablo Simonetti, escritor
39. Paola Tapia, Directora Escuela de Derecho Universidad Central, ex ministra de Transportes
40. Carolina Tohá, profesora Universidad de Chile y Universidad de Santiago
41. Jeanette Vega, médica salubrista e infectóloga, consultora OMS y ex Subsecretaria de Salud
42. Nelson Venegas, Alcalde de Calle Larga
43. Pablo Vidal, Diputado de la República
44. Mauricio Viñambres, Alcalde de Quilpué
45. Aurora Williams, integrante de la Red Ciudadanas por Antofagasta y ex ministra de Minería
46. Patricio Zapata, abogado constitucionalista, profesor Pontificia Universidad Católica.

47. Mariana Deisler, periodista y gestora cultural Región del Maule.

48. Amarilis Horta, fundadora y directora del Centro Bicicultura Chile.

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