Soy Ana Estrada y estoy luchando por mi derecho a la muerte digna en Perú

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Soy Ana Estrada, tengo 42 años y soy de Lima, Perú. A los 12 años me diagnosticaron polimiositis, una enfermedad autoinmune, progresiva y degenerativa que atrofia e inflama los músculos causando pérdida de fuerza. Con los años, y de manera insidiosa, las limitaciones fueron cada vez más comprometedoras. A los 20 años comencé a usar silla de ruedas y poco a poco necesitaba más ayuda para realizar mis actividades diarias como vestirme, asearme, ir al baño, alimentarme etc.
A pesar de todo, y con la ayuda de mi familia, logré titularme como psicóloga, trabajar y ser independiente. 
Pero en el 2015 mis músculos respiratorios comenzaron a perder fuerza y terminé 6 meses en cuidados intensivos. Primero me intubaron por 15 días y luego me practicaron una traqueostomía. Me alimentaron por sonda orogástrica y finalmente me realizaron una gastrostomía.
Así, me dieron de alta bajo el cuidado de enfermeras las 24 horas y mis padres tuvieron que mudarse a mi casa porque yo ya no puedo trabajar. Mi condición actual es de semi postración, es decir, en el mejor de los días, logro estar 4 horas en mi silla de ruedas, el resto las paso en cama conectada al ventilador o respirando espontáneamente por la tráqueo. También puedo deglutir y alimentarme vía oral cuando me siento bien.
Pero con el tiempo, llegará el momento en que perderé la poca fuerza que me queda y dependeré totalmente del ventilador, seré más propensa a infecciones y a úlceras por presión. Por ese motivo, desde que volví a casa en el 2016 comencé a investigar sobre la muerte asistida, una figura ilegal en mi país. Me sentía muy frustrada de no hallar una opción para poder morir. Entonces comencé a escribir en un blog y hacerlo público en enero de este año.
Mi vida ha encontrado un sentido y mi energía está puesta en luchar por mi derecho a una muerte digna, es decir mi búsqueda por la muerte se ha convertido en una motivación de vida, por más paradójico que parezca. Porque finalmente, yo tuve que renunciar a todo: trabajo, independencia y autonomía, pero la libertad es lo único a lo que no voy a renunciar. La libertad para tener el derecho a elegir sobre mi vida y mi cuerpo y, si es que así lo deseo, poder morir en el momento que lo requiera o necesite.
Esta carta es un medio más para sensibilizar a la sociedad en general y, más adelante, presentarme de manera formal ante el Estado y proceder con las acciones correspondientes.
Si estás de acuerdo con mi lucha y quieres apoyar te pido que firmes y lo difunda.
Muchas gracias
Lima, setiembre de 2019